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Manos a la Obra: un oficio para aprender y una comunidad para no estar solo

Mariano Cardinali contó por qué creó el espacio y Franco Colazo puso en palabras qué significa ser acompañado. Sus testimonios dan continuidad a las historias de otros jóvenes que pasaron por Sur +

Mariano Cardinali y Franco Colazo conversaron con Leticia Pieretti en SUR + En Vivo, dando continuidad a las visitas de otros chicos y chicas de Manos a la Obra. Esta vez, el creador del espacio y uno de sus integrantes contaron la experiencia desde ambos lados: ofrecer acompañamiento y encontrarlo.

Mariano creó Manos a la Obra al revisar su vida y reconocer el acompañamiento que recibió de chico y la familia que tenía. “Me sentí como empoderado y millonario”, recordó. Quiso compartir esa riqueza: no dinero, sino posibilidades que otros chicos no habían tenido.

Empezó en su casa, ocho años atrás. El padre Diego y Daniela, su compañera, fueron parte de ese comienzo. La propuesta creció hasta convertirse en la asociación civil Manos que Acompañan. Más de cincuenta jóvenes pasaron por allí: algunos consiguieron empleo, otros volvieron a la escuela, y también están las historias que duelen: “Hay chicos que no pudimos ayudar”, dice. 

 

Franco: encontrar un lugar y empezar a cambiar

Franco tiene 23 años, estaba pintando una ventana cuando Mariano lo vio y lo invitó a conocer el lugar. Era chico y aquella primera visita lo dejó sorprendido. Hoy no falta a los encuentros. Allí encuentra compañeros y tareas en las que puede concentrarse: “Es un lugar bello”. 

Al hablar de su cambio, le da un lugar importante al acercamiento a Dios. Cuenta que pudo alejarse de situaciones que le hacían mal: “Tengo mucha gente que me quieren ayudar y me dejo ayudar”, comenta.

No todo le resulta fácil. Hay mañanas en las que se levanta enojado y rencores que todavía le pesan: “Me cuesta”, se sincera. 

Franco suele ser el primero en advertir cuando alguien no está bien o necesita una mano. Una vez fue corriendo hasta San Nicolás para acercar una leche a su sobrina. Correr es algo que disfruta y le gustaría participar en una maratón, una posibilidad que están pensando con Germán Bilbao, que es como un padrino para él.

Al hablar de la sociedad, Franco sabe que no todos lo miran con afecto, pero no se queda solamente con esas miradas. Le gusta que lo reconozcan y lo saluden, y tiene presentes a quienes lo aprecian y lo acompañan: “Toda esa gente que siempre está al lado mío y que nunca me deja solo”.

 

Más que aprender un oficio

De lunes a viernes, Manos a la Obra se organiza alrededor de distintas tareas. Los sábados comparten desde otro lugar y hay tiempo para conversar sobre cómo estuvo cada uno durante la semana. Esa compañía también está cuando llegan situaciones difíciles y eso es Manos a la Obra: aprender y trabajar son parte de la propuesta, pero también lo son escuchar, sostener lo emocional y lo espiritual.

Al despedirse, Mariano dejó abierta la invitación a sumarse: “Es una familia que tiene sillas esperando más hermanitos”. La mesa de los sábados permite entender esas palabras. Además de un lugar donde aprender a trabajar, hay tiempo para preguntar cómo estuvo la semana y quedarse a escuchar la respuesta.

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