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Violencia digital: la agresión tiene nombre y consecuencias

La directora de Género Laura Colle explicó en SUR + En Vivo que no se trata de un conflicto menor de redes: es una forma de daño que expone, hostiga, amenaza y deja secuelas reales.

Laura Colle, directora de Género del Municipio, visitó SUR + En Vivo para hablar de una problemática que ya no puede leerse como un conflicto menor de redes sociales. En diálogo con Leticia Pieretti, ordenó conceptos, casos y herramientas para pensar qué hacer cuando una agresión crece en entornos digitales y el malestar se convierte en pedido de ayuda.

La charla partió de una preocupación más amplia: la violencia de género no se agota en un número ni en una denuncia. Colle recordó las 496 situaciones activas presentadas ante el Concejo Municipal y aclaró que detrás de cada registro hay personas, familias e historias que requieren acompañamiento, redes institucionales y respuestas sostenidas en el tiempo.

En ese marco apareció un territorio donde la violencia también se ejerce y muchas veces se vuelve impune. “Cuando hablamos de violencia digital, hablamos de todo aquello que genera un daño en la emocionalidad, en la economía, en la imagen, en la estabilidad psicológica de cualquier persona”, explicó Colle. La pantalla no vuelve irreal lo que ocurre: “Suponemos que es virtual, pero en realidad es absolutamente real y las consecuencias son absolutamente del mundo real”.

El relato se volvió cercano cuando Pieretti llevó la escena a los grupos de WhatsApp, las redes y esos mensajes que pueden empujar a un chico o a una chica a no querer volver a la escuela: fotos editadas, burlas, perfiles falsos, comentarios sobre el cuerpo, amenazas y hostigamiento. La violencia que antes podía quedar contenida en un recreo hoy se prolonga todo el día, migra de una red a otra y alcanza la casa, el sueño, la autoestima y la confianza.

La entrevista también buscó correrse del miedo para ofrecer herramientas. Frente a una agresión digital, la desesperación suele empujar a borrar, bloquear o cerrar cuentas. Colle recomendó lo contrario: preservar la prueba. La recomendación puede sonar contraintuitiva, sobre todo para quien atraviesa una situación de vergüenza, temor o urgencia. Sin embargo, conservar evidencia permite reconstruir lo sucedido y evitar que el agresor borre rastros. “Debemos tener en cuenta que es importante que capturemos pantallas”, señaló Colle, y pidió que esas capturas sean completas, con datos visibles, sin recortes que impidan identificar perfiles, horarios, números o interacciones.

Ese gesto de guardar no significa hacer circular el daño. La propia placa que acompañó la charla lo resumía con precisión: el material sensible debe conservarse solo con fines de prueba y del modo más restringido posible. El objetivo no es multiplicar la exposición, sino permitir una denuncia, un reporte, una investigación o una intervención que proteja a la persona afectada.

Santa Fe, remarcó Colle, cuenta con herramientas legales relevantes. La Ley Olimpia incorporó la violencia digital como modalidad dentro de la protección integral hacia las mujeres, y la provincia avanzó con normas como la “Ley Chachi” y la Ley EMA, orientada a brindar recursos en ámbitos educativos. 

Colle informó que se puede denunciar en el Centro de Denuncias (frente a Tribunales, de 8 a 19), en el MPA y en la comisaría más cercana. Recomendó acercarse al Punto Violeta o a la Dirección de Género e Igualdad para recibir asesoramiento y acompañamiento. También están disponibles las líneas 144 (asesoramiento en violencia de género) y 102 (situaciones que involucran a niñas, niños o adolescentes).

Además, señaló que desde la Dirección de Género pueden solicitarse por redes las versiones digitales de la guía EMA y la guía Olimpia, con conceptos, circuitos de actuación y recomendaciones concretas.

La entrevista dejó una advertencia sobre la velocidad del fenómeno: las plataformas cambian, los lenguajes juveniles se transforman y las formas de agresión encuentran nuevos canales. Por eso, la prevención necesita adultos atentos, instituciones capacitadas y familias dispuestas a escuchar sin minimizar. Pedir ayuda y hablar a tiempo también es una forma de interrumpir la impunidad.

 

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