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Una médica villense en la primera línea del fuego: Betina González y el orgullo de servir

La oficial principal médica del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Villa Constitución participó durante en los operativos para combatir los incendios forestales en Chubut. Vocación y compromiso.

Cuando la doctora Betina González habla, lo hace con serenidad. Pero detrás de su tono calmo hay una historia de decisiones firmes, vocación y compromiso. Nacida en Inés Indart, un pequeño pueblo rural de la provincia de Buenos Aires, llegó a la región para estudiar Medicina en Rosario. El destino laboral la trajo luego a Villa Constitución, ciudad que —confiesa— terminó eligiendo gracias a una institución que la marcó para siempre: el Cuartel de Bomberos Voluntarios.

“Yo siempre digo que el cuartel fue lo que me dio sentido de pertenencia a Villa”, expresó durante su participación en el programa Cámara Abierta. Ingresó en 2015, ya como médica recibida y especializada en emergentología, mientras cursaba un posgrado en planificación estratégica para emergencias y desastres. Desde entonces, no se fue más.

 

Una familia con vocación de servicio

Dentro del cuartel, Betina forma parte del escalafón técnico profesional como oficial principal médica. Sin embargo, su rol no se limita a la atención sanitaria. “Desde el día cero fui una más del grupo”, asegura. Y así lo siente: como una familia.

Integra la División Médica de la Federación Santafesina de Bomberos Voluntarios, pero su tarea va mucho más allá de lo clínico. En operativos provinciales y nacionales, su función puede variar según la necesidad: desde coordinar asistencia médica hasta trabajar en terreno como brigadista.

“Es un cuartel muy abierto, muy permisivo. Me dio todas las posibilidades”, subraya con gratitud.

 

La Patagonia en llamas: 12 días en Chubut

Su nombre tomó relevancia pública cuando se conoció que una médica villense formaba parte del contingente santafesino que viajó a combatir los incendios forestales en Chubut, en plena emergencia por los focos activos en la Patagonia.

La delegación de Santa Fe permaneció 12 días en el sur del país. Betina fue parte del relevo y trabajó en terreno junto a brigadistas forestales, además de cumplir funciones médicas en la base operativa.

“La experiencia fue increíble, con sentimientos encontrados. Es muy fuerte a nivel personal, pero también muy duro. Es luchar a favor y en contra de la naturaleza al mismo tiempo”, relató.

 

En las jornadas de combate al fuego, el trabajo comenzaba temprano y se extendía hasta entrada la tarde. Cada integrante debía llevar su propio equipamiento, ración seca, agua y todos los elementos necesarios para pasar el día completo en la montaña. Cuando no había personas heridas que atender, ella misma tomaba herramientas y se sumaba a la línea de combate.

“El trabajo del brigadista forestal es desgastante, física y anímicamente. Todos los días te vas con la sensación de haber hecho mucho, pero esperando saber si alcanzó”, explicó.

 

 Tecnología, profesionalismo y orgullo santafesino

La participación santafesina fue destacada no solo por el compromiso humano, sino también por su nivel técnico. Según explicó el comandante Luis Ayala, secretario de Operaciones de la Federación, la provincia llevó brigadistas, zapadores, personal de Protección Civil y médicas, algo que no todas las delegaciones incluyeron.

El sistema de comunicaciones fue clave: equipos de Comando y Tecnología trabajaron en coordinación con aviones hidrantes y helicópteros, asegurando enlace permanente en zonas de difícil acceso. “Si no lo ves, no lo creés”, describió Betina sobre el despliegue técnico.

La presencia de personal médico en terreno fue especialmente valorada, no solo por la atención sanitaria sino también por el sostén emocional que implica para brigadistas que pasan días aislados, lejos de sus familias, trabajando en condiciones extremas.

 

Lejos de casa, pero en sintonía

Los operativos no son solo una exigencia física, sino también un desafío emocional. “Estamos todos en la misma sintonía: la ansiedad, el querer resolver, el estar lejos de los afectos y dar lo mejor”, contó Betina.

Esa vivencia compartida genera lazos profundos. “Se arma algo muy lindo en el grupo”, afirmó.

 

El orgullo de una ciudad

Cuando se conoció que una integrante del cuartel local estaba combatiendo el fuego en la Patagonia, la noticia recorrió Villa Constitución. En medio de la tristeza por las imágenes de bosques arrasados, hubo también un sentimiento de orgullo colectivo.

Aunque Betina no nació en la ciudad, hoy es parte de ella. Y ella lo sabe. “El cuartel me dio pertenencia desde el primer día. Me trataron como una más”, expresó emocionada.

Su participación en uno de los operativos más complejos y conmocionantes de los últimos tiempos no solo refleja su capacidad profesional, sino también el espíritu solidario que define a los bomberos voluntarios.

En tiempos en que la emergencia golpea con fuerza, historias como la suya recuerdan que detrás de cada uniforme hay personas que eligen servir. Y que, desde Villa Constitución hasta la Patagonia, el compromiso no conoce distancias.

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