
Octubre Rosa: el control no puede esperar
La doctora Laura Lalli explicó por qué la detección temprana cambia las posibilidades de afrontar el cáncer de mama y pidió que el miedo o la falta de tiempo no posterguen el cuidado de la salud.
Una pregunta sencilla puede incomodar más que cualquier estadística: ¿cuándo fue el último control? Octubre Rosa vuelve visible esa cuenta pendiente y obliga a revisar cuánto tiempo se destina a la propia salud. La doctora Laura Lalli llevó esa inquietud a SUR + En Vivo.
La médica distinguió dos conceptos que suelen confundirse. La prevención busca reducir factores de riesgo; la detección temprana permite identificar una enfermedad ya presente en sus etapas iniciales. Esa diferencia no es menor: encontrar una lesión a tiempo mejora las posibilidades de recuperación. “El mes de octubre viene a hacernos este clic de decir: ‘¿Cuándo me hice mis controles?’”, planteó Lalli.
El primer paso es observar el cuerpo y consultar ante cambios en la coloración de la piel, abultamientos, durezas, secreción por el pezón o cualquier señal nueva. A eso se suma el control anual con el profesional de cabecera.
Controles de acuerdo con cada riesgo
Para la población general, la primera mamografía se indica a partir de los 40 años y luego se realiza de manera anual. Entre los 35 y los 40 puede solicitarse un estudio de base, de acuerdo con la guía utilizada y la evaluación médica. En mujeres de 30 a 40 años, la ecografía suele formar parte del control por la mayor densidad mamaria.
Los antecedentes familiares requieren otra mirada. Tener madre, hermana o padre con cáncer de mama eleva el riesgo, aunque no implica que la enfermedad vaya a desarrollarse. En esos casos, el inicio de la mamografía se calcula diez años antes de la edad en la que recibió el diagnóstico el familiar de primer grado. Cuando existen varios casos dentro de un mismo linaje, puede indicarse asesoramiento genético para evaluar mutaciones que predisponen a la enfermedad.
El miedo no debe postergar la consulta
Durante la charla apareció una barrera frecuente: el temor al resultado. Lalli contó que algunas pacientes evitan el estudio porque no se sienten preparadas para recibir una noticia adversa. Su propuesta fue concreta: “Si tenés miedo, podés pedirle a alguien que vaya con vos”, sostuvo. La compañía no elimina la incertidumbre, pero puede impedir que el control vuelva a quedar pendiente.
La prevención también se construye fuera del consultorio. Alimentación saludable, actividad física, descanso reparador, menor consumo de alcohol y tabaco y reducción de ultraprocesados integran una misma estrategia. La médica propuso elegir un hábito posible, sostenerlo y avanzar de manera gradual. “El cuidado de la salud es quererte”, resumió.
Frente al cáncer de mama, dedicar una hora al control puede parecer un gesto pequeño; postergarla, en cambio, puede cambiar el tiempo disponible para actuar.