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Marta Fernández, 32 años al servicio de Colón Sur

Desde hace más de tres décadas preside la vecinal de barrio Colón Sur. Su compromiso atraviesa gestiones y hoy la desvela una preocupación central: 18 lotes en riesgo por el avance de las barrancas.

Hablar con Marta Fernández es encontrarse con una mujer que hizo de la vocación de servicio un modo de vida. Presidenta vecinal de barrio Colón Sur desde hace 32 años, su compromiso no reconoce banderías políticas ni tiempos de descanso. “Podemos tener afinidad con un partido, pero yo trabajo con el que está”, resume con claridad.

Gerontóloga de profesión, trabajó durante años en geriátricos de Villa Constitución y San Nicolás, acompañando a adultos mayores. Esa misma sensibilidad la trasladó a su tarea barrial. Además de su rol en la vecinal, integra la cooperadora del hospital, es tesorera en el Centro de Jubilados de la provincia y participa activamente en las comisiones de Transporte y Seguridad.

Su día a día transcurre entre recorridas, mates compartidos con vecinos y gestiones constantes ante el Municipio. “Hay que comprometerse con la gente”, repite. Y lo hace, incluso cuando reconoce que no siempre encuentra el mismo nivel de compromiso en otros.

 

Un barrio con identidad y gestión sostenida

El barrio Colón Sur comprende el sector que va desde Ingeniera Acevedo hasta la doble mano de Colón, abarcando además Barranca Rivas y extendiéndose hasta San Luis. A lo largo de los años, Marta encabezó gestiones clave, como la regularización dominial que permitió a muchos vecinos obtener la escritura de sus viviendas tras extensas tramitaciones y viajes.

Entre las obras más recientes, destaca la puesta en valor del mirador del río y el arreglo de la escalera en la bajada, una mejora que generó debates pero que hoy es celebrada por su impacto estético y funcional. También impulsó mejoras en iluminación, especialmente en pasillos y bajadas que durante años permanecieron a oscuras, reforzando así la seguridad.

El programa “Yo cuido mi barrio”, gestionado junto a otras vecinales, permitió incorporar jóvenes para tareas de barrido y mantenimiento, brindándoles además una oportunidad laboral en un contexto complejo. “No hay trabajo para los jóvenes. Esto al menos les da una posibilidad”, explica.

 

Obras pendientes y reclamos cotidianos

Como en todo barrio, los reclamos no faltan: desagües que requieren mantenimiento, sectores aún sin pavimentar y la necesidad de controles sobre el uso de contenedores de residuos. Marta recorre personalmente las calles para verificar el estado de limpieza y dialogar con los vecinos.

Destaca el trabajo conjunto con distintas áreas municipales, especialmente en Obras Públicas e Iluminación, aunque subraya que los recursos son limitados y que muchas veces se requiere paciencia. “No se puede hacer todo de un día para otro”, señala.

En materia de seguridad, afirma que hoy el barrio se encuentra más tranquilo, aunque remarca que la iluminación fue una herramienta clave para desalentar situaciones conflictivas.

 

Casas en riesgo en las barrancas

Si hay un tema que realmente la inquieta es el estado de las barrancas. Actualmente, 18 lotes se encuentran comprometidos por el desmoronamiento del terreno. Se realizaron algunos desagües y tareas paliativas, pero Marta advierte que son soluciones parciales.

La alternativa que se analiza desde lo técnico es la relocalización de familias, aunque no todos están dispuestos a abandonar sus hogares. “La gente está muy arraigada. Les gusta despertar con la brisa del río”, describe. Ella misma reconoce que le costaría dejar su casa, pese a comprender los riesgos.

La construcción de obras de contención resulta costosa y compleja. Mientras tanto, se monitorean los sectores más comprometidos y se evalúan intervenciones puntuales. A esto se suman otros problemas derivados del abandono de terrenos, la acumulación de vegetación y la presencia reciente de murciélagos en zonas cercanas a la barranca.

“Es triste pensar en sacar a alguien de su casa, pero también es triste esperar a que pase algo”, reflexiona.

 

Pasión que no se apaga

A 13 años de haber enviudado, Marta sigue recorriendo el barrio como el primer día. Organiza festejos para el Día del Niño, gestiona donaciones de comercios y mantiene contacto permanente con instituciones y autoridades.

Su historia es la de una dirigente barrial que conoce cada pasillo, cada familia y cada conflicto. “El contacto con la gente es lo que más me gratifica”, asegura.

En tiempos en que la participación suele escasear, Marta Fernández encarna una forma de liderazgo construida desde la constancia, la cercanía y el compromiso sostenido. En Colón Sur, su nombre ya es parte de la identidad del barrio.

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