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La “Normal” celebra 110 años entre recuerdos y sentido de pertenencia

La EESO N° 205 “Nicasio Oroño” atraviesa su aniversario con una mirada puesta en su historia institucional y en la actualidad


Hay edificios que no se nombran solo por su dirección ni por el número que los identifica. En Villa Constitución, la EESO N° 205 “Nicasio Oroño”, conocida por todos como la Normal, pertenece a esa clase de lugares que se vuelven parte de la conversación cotidiana, de la memoria compartida y de una forma común de transitar la escuela secundaria. En los estudios de SUR +, durante una entrevista en SUR + En Vivo con Leticia Pieretti, Aldana Dianda, vicedirectora del turno mañana, y Silvana Borioni, vicedirectora del turno tarde, llevaron esa historia al presente.

La excusa inmediata fue una fecha redonda: los 110 años de la institución. Pero la charla pronto dejó ver que un aniversario escolar no se mide únicamente en calendarios. Se mide en voces que vuelven, en cuadernos guardados, en nombres que reaparecen, en docentes que fueron alumnos y en estudiantes que ahora participan de las marcas visibles de la escuela. Fundada en 1916 como escuela normal mixta de maestros rurales, la institución atravesó reformas, cambios de denominación y generaciones enteras hasta convertirse en la actual EESO 205.

Silvana también habló desde su propia experiencia: fue alumna de la Normal, luego profesora y en febrero de este año volvió a la institución como vicedirectora del turno tarde. “Una vuelta a casa”, dijo sobre ese regreso.

La Normal prepara su festejo mirando hacia atrás, aunque sin quedarse detenida allí. En el programa apareció un cuaderno de 1996, realizado por los 80 años de la institución, con el logo que durante mucho tiempo identificó a la escuela y quedó impreso en materiales, remeras y buzos de distintas promociones. Este año, en cambio, la comunidad decidió crear un nuevo logo para acompañar los 110 años: participaron estudiantes de tercero, cuarto y quinto año, presentaron sus propuestas, se hizo una preselección y luego los docentes votaron el diseño ganador. La propuesta elegida fue la de Ezequiel Gaitán, alumno y abanderado de la escuela.

Ese gesto no es menor: una institución centenaria decidió representar su identidad nueva a partir de la mirada de sus propios estudiantes. Aldana explicó que el símbolo renovado representa las cuatro modalidades del ciclo superior: Ciencias Naturales, Arte, Ciencias Sociales y Humanidades. 

Hoy la escuela reúne aproximadamente a 600 estudiantes, repartidos entre los turnos mañana y tarde. Detrás de ese número hay una trama mucho más amplia. Preceptoras, facilitadoras, gabinete, docentes, secretarías, bibliotecarias, asistentes escolares y equipos directivos aparecen como parte de una maquinaria cotidiana donde nadie educa en soledad. “Es la comunidad educativa entera”, señaló Aldana, al poner en palabras ese trabajo que suele volverse visible recién cuando alguien se detiene a nombrarlo.

También hubo lugar para pensar la escuela en este tiempo, con sus preguntas y complejidades. Aldana destacó la importancia del gabinete psicopedagógico en el turno mañana, un sostén valioso para acompañar trayectorias y escuchar a los chicos.

El festejo tendrá su momento institucional el 6 de noviembre a las 18.30, con un acto protocolar que convocará a exdocentes, jubilados, promociones, estudiantes y autoridades. Pero el clima de la entrevista dejó ver que la celebración empezó antes: cada vez que alguien recuerda una anécdota, cada vez que una promoción vuelve a nombrarse, cada vez que una docente agradece el recibimiento o reconoce el esfuerzo de sus compañeros.

“Lo importante es ponerle el corazón y el alma a cada día”, dijo Silvana frente a una sociedad que definió como distinta y difícil. Aldana sumó otra clave: “Nuestros alumnos son nuestro horizonte”. En esas dos frases se apoya el sentido más profundo de la Normal: formar, contener, marcar límites, abrir diálogo, escuchar y sostener. La escuela que cumple 110 años no solo mira lo que fue; se pregunta qué necesita seguir siendo. Y quizá allí resida su mayor enseñanza: una comunidad educativa permanece viva cuando entiende que educar también es cuidar la memoria, acompañar el presente y animarse, juntos, a imaginar lo que viene.

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