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La marea violeta volvió a colmar las calles de Villa Constitución

Una marcha histórica por su convocatoria reunió a cientos de villenses frente al reclamo urgente: en Argentina, una mujer es asesinada cada 31 horas.

Una por una. Cada 31 horas, Argentina registra un femicidio. Ese número brutal no es estadística fría: es una mujer con nombre, con historia, con alguien que la espera. Y el martes 3 de junio, en Villa Constitución, ese número tuvo cara, voz y cuerpo en una de las marchas más numerosas que ha vivido la ciudad desde que el movimiento "Ni Una Menos" irrumpió en las plazas del país hace once años.

La convocatoria fue impulsada por una asamblea integrada por organizaciones feministas, sociales, políticas y sindicales que, una vez más, tendieron puentes y sumaron voluntades. A ellas se unió un público local amplio y diverso —mujeres de distintas edades, jóvenes, familias, hombres aliados— que engrosó una columna que coloreó de violeta la Plaza de la Constitución y sus alrededores con una contundencia que la ciudad pocas veces había visto.

Las pancartas lo decían sin rodeos. Los pañuelos violetas lo gritaban sin palabras. Las voces, entrelazadas en coro, nombraban a las víctimas recientes: Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba cuyo caso sacudió la conciencia colectiva días antes de la marcha; Dulce Candia, en Misiones; Noelia Romero, en Temperley. Tres nombres más que se sumaron a los 3.144 femicidios contabilizados desde aquella primera convocatoria del 3 de junio de 2015, cuando el asesinato de Chiara Páez —también de 14 años, también en Santa Fe, en Rufino— encendió una llama que once años después sigue ardiendo con fuerza renovada.

Un contexto que obliga a marchar

El escenario político y social que enmarca esta edición del Ni Una Menos no admite indiferencia. El Gobierno nacional desfinanció programas críticos de protección a mujeres en situación de violencia, desmanteló la línea de atención 144 y avanzó contra la Educación Sexual Integral. Como si eso no bastara, instaló la intención de derogar la tipificación del femicidio como figura jurídica específica: borrar el nombre para borrar el problema.

Frente a ese retroceso planificado, la marea verde y violeta que nació de la necesidad y creció con el dolor sostuvo, una vez más, lo conquistado. Porque retroceder no es opción cuando el número sigue cayendo: 83 femicidios entre enero y el 24 de mayo de 2026, según el observatorio "Ahora Que Sí Nos Ven". Uno cada día y medio. Una mujer que no llegó a junio.

Santa Fe, en el ojo de la tormenta

La provincia de Santa Fe aparece entre las más preocupantes del país. Con 17 femicidios registrados en lo que va del año y una tasa que prácticamente duplica la media nacional, el mapa santafesino exige atención urgente. El departamento Rosario concentra diez de esos casos; Villa Constitución y la región no están exentas del contexto que esa cifra denuncia.

Es precisamente esa proximidad del horror la que explica la fuerza de la marcha villense. No se marchó por algo que pasa lejos. Se marchó porque puede pasar acá. Porque ya pasa acá.

El reclamo que no cesa

Tras los mensajes y comunicados compartidos en la plaza, la columna se puso en movimiento. Mujeres y disidencias avanzaron con carteles que interpelaban al poder y honraban a las víctimas. El reclamo fue múltiple y sostenido: políticas públicas de prevención y asistencia, justicia por los femicidios recientes, reconstrucción de los dispositivos desmantelados, y el rechazo enfático a cualquier intento de hacer retroceder el reloj de los derechos conquistados.

Once años después de aquella primera marcha que se viralizó desde Argentina al mundo, la consigna original sigue siendo la misma. Y el hecho de que deba seguir siéndolo lo dice todo. Villa Constitución marchó. Marchó fuerte. Marchó como nunca antes. Porque las calles son el único termómetro que no miente cuando el Estado mira para otro lado.

 

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