
KO épico de Mirco Cuello y se transformó en retador oficial para el campeonato mundial Pluma de la AMB
El arroyense Mirco Cuello venció al mexicano Christian Olivo por KOT en el décimo round, remontando con dos ganchos izquierdo una pelea que venía perdida desde las tarjetas. Extendió su invicto a 15-0
El joven de 24 años, Mirco Cuello (56.970 kg), tercero en el ranking mundial Pluma (AMB), consiguió una victoria antológica en su pelea del sábado a la noche en Las Vegas, a los 2m01s del décimo y último round sobre el mexicano Cristian Olivo (56.970), quinto en el escalafón, por la eliminatoria de la Asociación Mundial de Boxeo.
Lo logró con una explosiva serie de ganchos de izquierda que determinaron el quiebre del púgil azteca y el final del cotejo en una decisión del árbitro californiano Chris Flores, que determinó el KOT a su favor.
Cuello demostró su temple y profesionalismo. Remontó un combate adverso desde el principio y no sólo fue a la lona en el segundo asalto, sino que fue superado técnicamente por Olivo, de 25 años y un récord de 22 victorias, dos derrotas y un empate, que aplicó mayores variantes en el match y un planteo muy inteligente sobre el ring, boxeando y con puntería en sus golpes sobre Cuello, que lució nervioso e impreciso durante todo el pleito.
Las ventajas para Olivo en las tarjetas oficiales eran de 88– 82, 87–83 y 86–84 cuando llegó la definición.
¿Qué determinó el final del match? Un cambio de actitud rotunda de Cuello, que en el noveno round aplicó por primera vez en el cotejo sus máximos atributos: sus golpes al cuerpo; allí Olivo empezó a relegar chances. Con mejor resto físico, atacó a Olivo que vaciló en dos ocasiones mostrando una fragilidad anímica llamativa por su clasificación internacional.
En el décimo y último período, el argentino lo derribó en dos oportunidades con sus ganchos al cuerpo y allí todo terminó.
Es difícil explicar una victoria así. Quizás en la pelea más deslucida de su carrera, Cuello obtuvo una definición épica, de esas que a so argentinos nos gustan, sin rendirse nunca, con mucho huevo. Algunos medios lo calificaron como “victoria a lo Locomotora Castro”, por el aguante y los ganchos finales.
Futuro
De esta forma, el natal de Arroyo Seco se quedó con el primer puesto en el ranking mundial y no solo estiró su invicto a 15 victorias (12 de ellas por KO), sino que también obtuvo la oportunidad de pelear por el título mundial de peso pluma de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) contra el actual campeón, el británico Nick Ball.
En sus declaraciones post pelea, Cuello comentó: “Sabía que venía perdiendo desde el quinto o sexto round, me venían diciendo que tenía que poner más. Gracias a Dios, se me dio el nocaut en el último round”.
Con su invicto extendido y un sueño más cerca que nunca, el santafesino expresó su gratitud y su emoción por la victoria: "Ahora voy a prepararme más que nunca para el campeonato mundial. Esto es lo que soñé desde chico", afirmó.
Carrera
Antes de comenzar su andar en el deporte rentado, el peleador de Arroyo Seco edificó una interesante carrera en el seleccionado argentino: obtuvo la medalla de bronce en la categoría hasta 56 kilos en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, compitió en el Mundial de la Asociación Internacional de Boxeo de Ekaterimburgo 2019 y fue representante olímpico en Tokio 2020, cuando perdió en los octavos de final de la categoría pluma ante el tailandés Chatchai Butdee.
Ya como profesional, en cuatro años -y con el nocaut del sábado- forjó un récord perfecto de 15-0 (11 de sus triunfos fueron por la vía rápida), con exigencia creciente y varios sellos en su pasaporte: combatió cuatro veces en Estados Unidos, dos en Colombia, dos en Uruguay, una en México y una en Panamá. Eso le permitió escalar hasta el tercer puesto en el ranking pluma de la AMB y le abrió la puerta a la chance que aprovechó en Las Vegas.
Para la pelea que terminó ganando, Cuello se preparó durante un mes en Los Ángeles junto a sus entrenadores, el excampeón mundial Mariano Carrera y Darío Cuello, su padre. Con ellos, comenzará la preparación para la chance que se avecina y que todavía no tiene fecha. Aunque desde el nocaut del sábado, la expectativa es enorme.