
Graciela Quiroga: una ausencia que el tiempo no logra explicar
La directora de la Escuela Nº 6076 de Pavón desapareció el 23 de febrero de 2014. Doce años después, la causa sigue abierta, sin certezas ni imputados.
El 23 de febrero de 2014 fue la última vez que se vio a Graciela Quiroga, directora de la Escuela Nº 6076 “Unidad Nacional” de Pavón. Tenía 60 años, estaba próxima a jubilarse y regresaba de unas vacaciones en Mar del Plata. Lo que parecía un regreso rutinario terminó convirtiéndose en uno de los mayores misterios de la región.
Ese mismo mediodía mantuvo la última comunicación con su sobrina Nadia. La llamó para saludar a su hijo por su cumpleaños. “Solo saludó a mi nene porque era el cumpleaños, me dijo que estaba todo bien y que se le había mojado el celular en la playa y estaba secándolo con el secador”, recordó la joven tiempo después. Fue el último contacto familiar confirmado.
Por la tarde emprendió el regreso y decidió modificar su itinerario: en lugar de descender en Villa Constitución, continuó viaje hasta la Terminal de Ómnibus de Rosario. Durante el trayecto, a bordo de un micro de la empresa Lassaga, envió un mensaje a su ex pareja —quien luego aseguró no haberlo recibido— y otro al remisero que habitualmente la trasladaba al City Center de Rosario. A este último le pidió que avisara en la escuela que extendería su licencia por dos días más y que le reservara un viaje al casino para el jueves siguiente.
Fue la última comunicación concreta que se le conoce.
La pista clave en Rosario
Uno de los pocos elementos considerados firmes en el expediente surgió del testimonio de un pasajero que viajaba en el mismo colectivo. Declaró haber visto descender a Quiroga en Rosario junto a una pareja con la que había entablado conversación durante el trayecto.
Esa declaración fue incorporada por la Policía de Investigaciones (PDI) como uno de los ejes centrales de la pesquisa. Se intentó identificar a esa pareja mediante el análisis de listas de pasajeros, registros de cámaras y toma de testimonios, pero nunca se logró establecer su identidad. Pese a ello, el dato constituye una de las escasas certezas del caso: Graciela bajó del micro en Rosario acompañada por dos personas.
Rosario, Corrientes y un rastro que se diluye
Según la reconstrucción oficial, alrededor de las 20 arribó a Rosario y, media hora más tarde, compró un pasaje hacia Corrientes. Pasajeros de ese servicio recordaron que una mujer sola ocupó el asiento asignado a la docente, lo que permitió suponer que continuó viaje.
Días después, su teléfono celular apareció en la basura de la terminal correntina, fue encontrado por un cartonero. Hasta allá viajó personal de la PDI villense que regresó con el teléfono. El aparato fue peritado, aunque no aportó datos relevantes.
La pista más desconcertante surgió luego: una mujer identificada como “Graciela”, pero con otro apellido, tomó un pasaje desde Corrientes hacia Córdoba. El número de DNI consignado coincidía con el de Quiroga. Desde ese momento, el rastro se perdió definitivamente.
Sin movimientos bancarios
Otro elemento relevante que analizó la investigación fue la actividad financiera. La cuenta sueldo que la docente poseía en el Nuevo Banco de Santa Fe no registró movimientos posteriores. No hubo extracciones ni operaciones. El último salario quedó depositado y jamás fue retirado.
Para los investigadores, la ausencia total de actividad bancaria durante todos estos años constituye un dato fuerte, incompatible con una vida autónoma sin algún tipo de asistencia externa.
El rol de la PDI y el trabajo fiscal
En los primeros meses la causa fue instruida en Rosario por la Unidad Regional II. El entonces jefe de la Agrupación Unidades Especiales, Guillermo Morgans, participó de una reunión informativa en la Comuna de Pavón en marzo de 2014. Meses después, el 10 de junio de ese año, Morgans fue asesinado en Rosario en un episodio presentado como asalto, aunque versiones extraoficiales señalaron que podría haber sido un crimen dirigido.
Luego tomó intervención la Policía de Investigaciones (PDI), que desplegó un abordaje técnico y coordinado. Con el correr del tiempo, la investigación quedó estancada. La familia logró que el caso llegara al Ministerio de Seguridad de la Nación, donde intervino el Área de Búsqueda de Personas Extraviadas. Se difundió la imagen de Quiroga a nivel nacional y se pusieron a disposición recursos federales, pero no hubo avances sustanciales.
Se realizaron peritajes telefónicos y análisis de geolocalización, relevamientos de cámaras en terminales, entrevistas a pasajeros y choferes, verificación de listas de abordaje y exhortos a otras provincias para corroborar ingresos, internaciones hospitalarias o trámites administrativos. La PDI también articuló tareas con fuerzas de Corrientes y Córdoba siguiendo cada indicio.
En el ámbito judicial intervinieron fiscales del Ministerio Público de la Acusación, tanto en Rosario como en Villa Constitución, manteniendo además coordinación con el Área de Búsqueda de Personas Extraviadas del Ministerio de Seguridad de la Nación para ampliar la difusión nacional del caso.
En una primera etapa se trabajó bajo la hipótesis de ausencia voluntaria, al no existir signos evidentes de violencia. Con el paso del tiempo y ante la falta absoluta de contacto con su entorno, las medidas se profundizaron, aunque ninguna línea logró consolidarse.
El único sospechoso
La ex pareja de Quiroga fue la única persona demorada en la causa. Había sido uno de los últimos en intercambiar mensajes con ella. Cuando fue citado, tardó varios días en presentarse. Se allanó su domicilio en Rosario y se inspeccionó su vehículo, que presentaba signos de limpieza reciente.
Pese a las sospechas iniciales, no se hallaron pruebas materiales que lo vincularan directamente con la desaparición. Recuperó la libertad y no volvió a ser imputado.
Doce años después
Este 23 de febrero de 2026 se cumplen doce años de aquella jornada. No hubo nuevas pistas, ni movimientos bancarios, ni registros administrativos que permitan confirmar su paradero.
La imagen de Graciela Quiroga continúa difundida en los registros oficiales de personas buscadas. En Pavón, su nombre sigue siendo sinónimo de una ausencia que el tiempo no logra explicar.
La declaración del testigo que la vio bajar en Rosario junto a una pareja, el pasaje a Corrientes, el celular descartado y el documento utilizado rumbo a Córdoba son piezas de un rompecabezas que nunca terminó de encajar. Doce años después, el expediente permanece abierto y el misterio intacto.