
El Vivero Terapéutico de barrio Luzuriaga: un espacio comunitario donde la tierra también sana
Surgido en plena pandemia se consolidó como un dispositivo comunitario de salud mental que integra naturaleza, encuentro y acompañamiento, con una fuerte impronta barrial.
El Vivero Terapéutico que funciona en barrio Luzuriaga es hoy mucho más que un espacio verde: es un dispositivo comunitario de salud mental donde la tierra, el trabajo colectivo y el encuentro cotidiano se transforman en herramientas de cuidado y acompañamiento. El proyecto comenzó en 2021, en el contexto de la pandemia, cuando las restricciones sanitarias obligaron a repensar las prácticas tradicionales de atención y vínculo con la comunidad.
“Éramos trabajadoras del centro de salud y no podíamos estar en contacto con los usuarios por falta de conectividad o de espacio físico. Ahí surge la idea de un taller de huerta como una forma de acercarnos a las personas”, explicó Paola Colazo, trabajadora social y terapeuta hortícola, durante una entrevista en el programa Cámara Abierta. Lo que comenzó como un taller pronto superó las expectativas y se consolidó como un dispositivo comunitario de salud mental.
Un dispositivo interinstitucional y barrial
El vivero funciona como un espacio interinstitucional que articula el trabajo del Centro de Salud, la parroquia Nuestra Señora de Fátima —propietaria del terreno—, la comisión vecinal y vecinos y vecinas del barrio que colaboran activamente. “Lo comunitario sostiene estos espacios”, remarcan sus impulsoras.
Las actividades se desarrollan los martes y viernes, de 9 a 14, en Luzuriaga 1683, y el espacio está abierto a personas de todas las edades. “Recibimos desde niños pequeños hasta adultos mayores, familias completas. El corazón del vivero es la vida como viene”, expresó María Eugenia Aragón, terapeuta hortícola y psicopedagoga.
Si bien está ubicado en barrio Luzuriaga, el proyecto convoca a participantes de distintos puntos de la ciudad e incluso de localidades cercanas. “La terapia hortícola te lleva a encontrarte con vos mismo y con otros que sienten lo mismo”, señalan.
La terapia hortícola como herramienta de salud mental
El eje del vivero es la terapia hortícola, una práctica que utiliza la jardinería, la huerta y el contacto con la naturaleza como herramienta terapéutica. “Favorece el desarrollo psíquico, vincular y social de las personas”, explicó Aragón. En ese proceso, el respeto por los tiempos individuales, la convivencia y el trabajo en grupo ocupan un lugar central.
Las transformaciones, aseguran, se hacen visibles con el tiempo: personas que encuentran su lugar, que vuelven a vincularse, que se animan a participar. “La naturaleza enseña que hay lugar para todos”, sintetizan.
Sostenibilidad, arte y saberes compartidos
El vivero también se caracteriza por una fuerte mirada sostenible. Gran parte de los materiales se obtienen a través de la reutilización y el reciclaje, gracias a los aportes de vecinos. “No contar con recursos económicos no puede ser un obstáculo cuando hay voluntad comunitaria”, destacó Colazo.
Además del trabajo en la huerta y el vivero, funciona un espacio de arte coordinado por una profesora del Área de Cultura, donde se desarrollan talleres expresivos, cerámica y propuestas creativas que complementan el abordaje terapéutico. También se construyó comunitariamente un horno de barro, símbolo del trabajo colectivo y del rescate de saberes ancestrales.
Presente y desafíos a futuro
Actualmente, el vivero cuenta con el acompañamiento del programa Nueva Oportunidad, dependiente del área de Desarrollo Social, y con el apoyo del hospital para el desayuno, entendido como un momento clave de encuentro y organización de la jornada.
Entre los objetivos a corto y mediano plazo se encuentra la declaración del vivero como dispositivo sustitutivo de salud mental, bajo la órbita del Ministerio de Salud provincial. Además, proyectan la construcción de un sendero comunitario, la finalización de un invernadero, la incorporación de flores y el acompañamiento de adolescentes en la construcción de sus proyectos de vida, con herramientas orientadas a la inserción laboral.
“El vivero invita a frenar, a sentir, a disfrutar. A encontrarnos con la naturaleza y con otros”, resumen sus referentes. Un espacio donde la tierra no solo se trabaja: también se comparte, se cuida y sana.