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El compromiso del paciente, la clave principal en la prevención

El médico Gustavo San Miguel dialogó con Leticia Pieretti sobre envejecimiento saludable, la importancia de una participación real en los tratamientos y las nuevas miradas terapéuticas.

En los estudios de Sur +, junto a Leticia Pieretti, Gustavo San Miguel habló de medicina ortomolecular y biológica desde una idea central: la prevención no empieza cuando aparece una enfermedad, sino antes, en la forma en que el cuerpo llega a ese punto. Con 36 años de profesión y 42 vinculados a la docencia, el médico viene de participar del XI Congreso Internacional Medestética 2026 y prepara una nueva disertación en Mendoza, siempre con el mismo eje de trabajo: ayudar a que el paciente entienda qué le pasa y participe de su propio tratamiento.

La medicina ortomolecular, en términos sencillos, busca observar el equilibrio interno del organismo. No se trata solo de indicar suplementos, aclaró San Miguel, sino de detectar desajustes que pueden sostenerse durante años. Por eso habló de una medicina predictiva, preventiva y participativa: “Uno puede predecir los problemas que a futuro podemos llegar a tener. Es preventiva porque cuando puedo predecir qué va a pasar, lo puedo prevenir. Y sobre todo es terriblemente participativa”, resaltó.

Esa explicación permitió ordenar el resto de la charla. Cuando Pieretti planteó el caso de personas que se alimentan bien o hacen actividad física y aun así atraviesan una enfermedad inesperada, el médico respondió que esos procesos no surgen sin antecedentes. “De golpe no pasa nada, nada es casualidad, todo tiene causalidad y tiene que ver con dos problemas que arrastramos la especie humana hace muchísimos años”, afirmó.

Para graficarlo, los definió como el “padre” y la “madre” de todas las enfermedades: “El papá es lo que llamamos en medicina ortomolecular el estrés oxidativo y la mamá la inflamación crónica silente no resuelta. Esos dos son las causales de todos los problemas”, detalló. Atacar estos dos frentes es su prioridad en el consultorio. “Yo presumo cuando estoy frente a un paciente que está inflamado y oxidado, y es lo primero que tengo que empezar a atacar. A partir de ahí ya le cambia rotundamente la calidad de vida”, sostuvo.


 

Cambio de hábitos

Desde esa base, el cambio de hábitos funciona como condición excluyente del tratamiento. “Tengo que involucrar al paciente, lo tengo que comprometer y a su vez a otras especialidades que tienen que ver con todo esto, la nutrición, la actividad física, distintas ramas”, explicó. La diferencia, planteó, está entre quien busca una solución rápida (la “magia”) y quien acepta revisar conductas sostenidas en el tiempo.

En esa misma línea ubicó la discusión sobre los suplementos. No los descartó, pero pidió evitar que su especialidad quede reducida a una lista de productos, e insistió en evaluar el costo-beneficio y considerar la realidad económica de cada persona. También valoró los avances en medicina regenerativa y los péptidos, advirtiendo que ninguna herramienta alcanza si se usa aislada.

Para San Miguel, la diferencia central radica en el nivel de compromiso. La prevención requiere información y acompañamiento, pero fundamentalmente un paciente dispuesto a involucrarse, preguntar y sostener cambios en el tiempo.

 

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