
Claudio Martín: "Malvinas es una causa nacional y natural que nos une a todos"
El veterano villense relata su experiencia en el Batallón de Infantería de Marina N° 5, el rigor del clima fueguino y las sensaciones de su regreso a las islas en 2016.
Para Claudio Martín, el calendario de abril trae consigo una dualidad que marca su vida. Aunque el 2 de abril es la fecha pública de conmemoración nacional, en la intimidad de su hogar la tradición es otra: celebrar el 14 de junio. “Lamentablemente festejamos un fracaso, pero festejamos que pude salir del pozo y volver a casa; festejo que estoy vivo”.
Martín participó en el conflicto bélico de 1982 como conscripto del Batallón de Infantería de Marina N° 5 (BIM 5), con asiento en Río Grande, Tierra del Fuego. En 1981, tras pedir una prórroga para finalizar el secundario, fue incorporado a la Armada en un clima de instrucción que él mismo describe como “el Infierno Verde” por el maltrato y la severidad del entrenamiento.
Del "Infierno Verde" al frío de Malvinas
Antes de desembarcar en el archipiélago, Claudio vivió el rigor de Tierra del Fuego, un destino que eligió sin saber que la distancia y el clima serían sus primeros grandes desafíos. A diferencia de muchos de sus compañeros que contaban con múltiples campañas de entrenamiento con munición real, él llegó a la guerra con ocho meses de conscripción y una formación principalmente administrativa como oficinista.
“La guerra es muy primitiva”, reflexiona Martín. Durante el conflicto, cumplió un rol secundario en el puesto comando realizando guardias nocturnas. Sin embargo, su momento más crítico llegó en la transición del 13 al 14 de junio, cuando debió disparar para cubrir el repliegue ordenado de sus compañeros ante el avance británico.
El a las islas regreso
En 2016, Claudio regresó a las islas junto a sus hermanos de armas. En aquel viaje, lo que más le impactó no fue el cementerio, sino reencontrarse con su posición exacta en las afueras de Puerto Argentino. “Fue como si tuviera GPS, llegué de forma sencilla”, recuerda.
Allí, entre los helechos, vivió un episodio que califica como mágico: “Apareció un gato, subió por mi brazo izquierdo y me dio su afecto. En el medio de la nada, sentí eso”. No fue el único suceso extraño; relata historias de aves y perros que parecían acompañar el duelo de los veteranos y familiares que regresaban al terreno.
Una causa que debe unir
Sobre el presente de las islas, Martín observa con dolor la depredación del mar y el cambio socioeconómico de los isleños, quienes hoy son educados para ver a los argentinos como invasores. No obstante, mantiene una postura firme sobre la soberanía: “Si no tenés una fuerza, ellos nunca te van a devolver las islas. El día que seamos un país ordenado, productivo y sin inflación, los kelpers vendrán solos”.
Finalmente, Martín celebra que hoy los veteranos sean ponderados y valorados, lejos de aquella época en la que se los tildaba de "locos de la guerra". Para él, Malvinas sigue siendo una causa nacional que nos convoca a todos, pero prefiere alejarse de los discursos sentimentales: “Fui a una guerra, me la banqué lo mejor que pude, como todo soldado lloré y pude volver”.