
Anabella Fajardo, la directora de IMEI que hizo de enseñar una forma de vida
La visita al ciclo permitió recorrer una historia marcada por la educación, la perseverancia y el afecto familiar, donde el inglés aparece como mucho más que un idioma: una forma de tender puentes ent
Durante una nueva entrevista de SUR + En Vivo, Leticia Pieretti recibió a Anabella Fajardo con una escena que ya decía mucho antes de que empezara la charla: sonaba Serrat, elegido por la invitada, y el clima tenía algo de homenaje íntimo. No se trataba solo de repasar una trayectoria, sino de abrir un álbum de ciudad, de aulas, de viajes, de fotos de todas las épocas y de palabras que todavía siguen enseñando.
Anabella habló desde una edad que nombra con gratitud y no con nostalgia. “Tengo 84 años. Y lo digo antes que nada porque agradezco a Dios todos los días que a esta edad mi cabeza funciona y sigo dando clases”, contó. En esa frase se condensó una manera de estar en el mundo: seguir activa, seguir curiosa, seguir aprendiendo incluso cuando los alumnos, frente a una pantalla o una computadora, pasan a ocupar por un rato el lugar de maestros.
La historia empezó mucho antes de IMEI, en aquella Cultural Inglesa de calle Salta, cuando su madre decidió mandarla a estudiar inglés en una época en la que esa elección también era una apuesta. De su padre heredó otra enseñanza: “No hay que bajar los brazos, hay que seguir adelante”. Con esas dos fuerzas, el idioma y la tenacidad, atravesó pérdidas familiares, trabajo temprano y responsabilidades enormes. El inglés, recordó, le abrió camino en Acindar y luego en Metcon, donde el contacto con jefes norteamericanos la ayudó a hablarlo con soltura.
Pero la docencia llegó como llegan algunas vocaciones: primero por necesidad, después por destino. Cuando una profesora le contó que querían abrir el profesorado en Villa y apenas había cuatro inscriptos, Anabella consiguió alumnos, reunió voluntades y se sumó ella misma. Estudiaba de una a cuatro de la mañana, con una beba recién nacida, y aun así terminó. “Siempre he sido de tengo que hacerlo, tengo que hacerlo”, dijo, como quien resume una vida entera en una consigna sencilla.
El legado de IMEI
IMEI, el instituto de inglés que dirige y que ya supera los 50 años de trayectoria, fue creciendo con esa mezcla de disciplina, innovación y alegría. Hubo cabinas de audio cuando todavía no existían las facilidades tecnológicas de hoy, viajes a Estados Unidos para formarse, cursos en Columbia y Georgetown, cassettes, scripts armados con paciencia frente al televisor, congresos internacionales y una presentación seleccionada entre miles.
A medida que pasaban imágenes de promociones, festivales —esos “concerts”, como los llamaban en el instituto—, obras de teatro y los recordados festejos de Halloween, Leti Pieretti iba hilando para quienes seguían la entrevista por radio aquello que se veía en pantalla: disfraces, graduaciones, escenas de grupo, nombres que despertaban memoria. En ese recorrido, la enseñanza del idioma apareció como experiencia completa, hecha de música, teatro, viajes, juego y encuentro.
Escuela de las Américas
La conversación también se detuvo en la Escuela de las Américas, otro de sus sueños educativos. No la evocó como una obra individual, sino como una construcción compartida con docentes, directivos, familias y una idea central: enseñar a pensar. “Si vos no razonás y pensás, te llevan de la nariz para el lado que quieran”, expresó. En ese recuerdo quedaron los chicos, los agradecimientos de antiguos alumnos y la certeza de que algunas semillas siguen dando fruto aunque los proyectos no puedan sostenerse para siempre.
Una red familiar
La charla seguía avanzando entre anécdotas que entrecruzaban el español con palabras en inglés, una marca natural de la profesión, hasta que el relato se volvió profundamente familiar. Desde España, Juan Manuel envió un mensaje para su madre: “Toda la familia a tu lado, como siempre, sos nuestra héroe”. La emoción abrió otra dimensión de la historia: la de una mujer que pudo sostener su trabajo también gracias al acompañamiento familiar. “Mi mamá fue mano derecha, izquierda y un poco más”, recordó, antes de nombrar a su marido, a sus hijos y a sus nietos, esos “tesoros” que aparecieron como el centro afectivo de todo lo construido.
Siempre para adelante
Hacia el final, Leticia le preguntó si había alguna frase en inglés que la acompañara. Anabella eligió dos, nacidas de tiempos duros y convertidas en abrigo: “Don’t let things get you down”, no permitas que las cosas te bajoneen; y “This shall pass too”, esto también pasará. Allí quedó la clave de su recorrido: enseñar no fue solamente transmitir un idioma, sino demostrar que aprender puede ser una forma de resistir; que una clase puede cambiar una vida y que, cuando alguien decide no bajar los brazos, también les enseña a otros a seguir adelante.