
Alergias alimentarias: cuándo una molestia deja de ser normal y requiere atención médica
La farmacéutica Lidia Patiño explicó en SUR+ cómo reconocer una alergia alimentaria, diferenciarla de una intolerancia y qué medidas tomar para evitar complicaciones.
Una picazón en la boca después de comer, el abdomen siempre inflamado, ronchas en la piel o molestias digestivas que se repiten. Muchas personas conviven con estos síntomas y los naturalizan, cuando en realidad pueden estar frente a una alergia alimentaria.
Sobre este tema habló la farmacéutica Lidia Patiño durante el micro semanal del Colegio de Farmacéuticos que se emite por SUR+, donde remarcó la importancia de identificar los síntomas a tiempo, evitar la automedicación y consultar con un especialista.
"La alergia alimentaria es una reacción del sistema inmunológico frente a un alimento que para otra persona puede ser totalmente inofensivo", explicó. Según indicó, alrededor del 10% de la población presenta este tipo de afecciones, que suelen aparecer en la infancia aunque también pueden manifestarse en la edad adulta.
No es lo mismo alergia que intolerancia
Uno de los conceptos que más destacó fue la diferencia entre una alergia y una intolerancia alimentaria, ya que ambas suelen confundirse.
Mientras la alergia está mediada por el sistema inmunológico y puede provocar síntomas en distintos órganos, la intolerancia responde a una dificultad del aparato digestivo para procesar determinados alimentos, como ocurre con la lactosa.
Aunque los síntomas pueden parecer similares, el tratamiento y los riesgos son muy distintos.
Síntomas que no deben minimizarse
Patiño señaló que las reacciones pueden ser leves, con picazón en labios o lengua, ronchas, náuseas o diarrea, pero también pueden evolucionar hacia un shock anafiláctico, una emergencia médica que provoca dificultad respiratoria, inflamación de la garganta y descenso de la presión arterial.
Por eso insistió en no restarle importancia a síntomas que aparecen cada vez que se consume un determinado alimento.
"Muchas veces nos acostumbramos a vivir con el estómago inflamado o con acidez permanente y recurrimos siempre al mismo medicamento. Eso no es normal y merece una consulta médica", afirmó.
Los alimentos más frecuentes
La farmacéutica indicó que cerca del 90% de las alergias alimentarias están asociadas a un grupo reducido de alimentos: Huevo; leche y derivados; maní; frutos secos; pescados; mariscos; soja; trigo.
También mencionó otros alimentos que pueden generar reacciones en personas sensibles, como la berenjena, además de algunos embutidos y escabeches.
Leer las etiquetas
Otro de los consejos fue prestar especial atención al etiquetado de los alimentos industrializados.
Recordó que el Código Alimentario Argentino obliga a informar cuando un producto contiene un alérgeno o puede contener trazas por contaminación cruzada durante su elaboración.
No ocurre lo mismo con las comidas preparadas en panaderías, rotiserías o restaurantes, donde recomendó consultar siempre los ingredientes antes de consumirlas.
El tratamiento pasa por prevenir
Patiño explicó que las alergias alimentarias no tienen cura y que el tratamiento consiste en eliminar completamente de la dieta el alimento que provoca la reacción.
En ese sentido, recomendó acudir al médico para obtener un diagnóstico preciso y, posteriormente, trabajar junto a un nutricionista para diseñar una alimentación segura.
Además, destacó la importancia de que escuelas, familiares y organizadores de reuniones conozcan las restricciones alimentarias de quienes padecen estas alergias para evitar exposiciones accidentales.
Una enfermedad que comienza a estudiarse
Como cierre, la farmacéutica se refirió a la histaminosis, una patología que actualmente está siendo investigada y que se relaciona con un exceso de histamina en el organismo, capaz de provocar síntomas persistentes frente a distintos alimentos.
Si bien todavía no existen estudios específicos ampliamente disponibles, señaló que cada vez más especialistas trabajan en su diagnóstico y tratamiento.
El mensaje final fue claro: escuchar las señales del cuerpo, no normalizar las molestias digestivas o cutáneas y consultar a tiempo puede marcar la diferencia entre una simple incomodidad y un problema de salud que requiere seguimiento profesional.