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ACLA se despidió de su histórica sede

La Asociación Cultural Leitto Acuña cerró su etapa en Hipólito Yrigoyen 247 con un recital de Orbitantes Y un homenaje al fotógrafo Pablo Grillo. el proyecto continuará de manera itinerante.

No hubo discursos de despedida ni palabras cargadas de nostalgia. La Asociación Cultural Leitto Acuña (ACLA) eligió cerrar una etapa con la misma identidad que construyó durante los últimos tres años: música, encuentro, arte y comunidad. El sábado por la noche, el espacio de Hipólito Yrigoyen 247 recibió a decenas de personas que participaron de "La Última Noche en el ACLA", una celebración que marcó el final de su sede física, pero no de su proyecto cultural.

La velada tuvo como principal atractivo la presentación de la banda arroyense Orbitantes, que ofreció un destacado recorrido por clásicos del rock nacional, además de interpretar composiciones propias, generando un clima festivo que se extendió hasta la madrugada. Durante la noche también se realizó un homenaje al fotógrafo Pablo Grillo, en sintonía con el compromiso que el espacio mantuvo desde sus inicios con las distintas expresiones artísticas y culturales.

El cierre fue, deliberadamente, una fiesta. Sin formalidades, sin balances desde un escenario y sin tono de despedida definitiva. Hubo un brindis compartido entre quienes hicieron posible el proyecto y quienes lo acompañaron durante estos años.

 

"Lo más valioso fue la comunidad"

En la previa del encuentro, durante una entrevista, uno de los referentes de ACLA, Heber Fogel, resumió el espíritu que dejó el paso del espacio cultural por Villa Constitución.

"Lo que rescato, más allá de la producción cultural, es la comunidad que se creó en el ACLA. Es impresionante. Fue amistad, un grupo de amigos y muchísima energía", expresó.

Fogel destacó además el carácter abierto del espacio, donde cualquier persona podía integrarse con naturalidad. "Las puertas siempre estuvieron abiertas para quien quisiera participar", señaló.

 

Un cierre sin bajar la persiana del proyecto

Por su parte, Amalia "Colo" Barreyro recordó que la decisión de dejar el inmueble respondió exclusivamente a la imposibilidad de renovar el contrato de alquiler y no al final de la asociación.

"No crean que nos van a calmar así", dijo entre risas durante la entrevista, dejando en claro que ACLA continuará funcionando como asociación civil, aunque por el momento sin una sede propia.

Barreyro explicó que uno de los principales desafíos fue garantizar la continuidad de los talleres y preservar el trabajo de quienes los dictan.

 

"Muchos talleristas nos decían que se habían animado a empezar porque estaba ACLA. También había que acompañarlos en esta transición", comentó.

En ese sentido, agradeció el acompañamiento del Movimiento Solidario Constitución y de Ale Becerra, quienes facilitaron un nuevo espacio para que los talleres puedan continuar desarrollándose.

 

Un espacio donde el arte fue el protagonista

Durante la charla, Barreyro también destacó que ACLA logró consolidarse como un ámbito abierto a todas las expresiones artísticas, sin que las diferencias ideológicas condicionaran la participación.

"Fue un espacio más bien neutral. Cada uno tiene sus posturas, pero acá lo importante fue la expresión artística en todas sus formas", afirmó.

La referente también recordó con emoción la cantidad de vínculos que nacieron a partir del proyecto. "La agenda que tengo hoy es impresionante", expresó al referirse a las amistades y redes que se construyeron durante estos tres años.

 

Una historia que seguirá escribiéndose

Aunque el local de Hipólito Yrigoyen 247 ya forma parte de la historia de ACLA, sus integrantes aseguran que el proyecto apenas inicia una nueva etapa.

La idea ahora es continuar de manera itinerante, llevando actividades culturales a distintos espacios de Villa Constitución e incluso de la región, mientras esperan la posibilidad de volver a contar, en el futuro, con una sede propia.

La despedida fue, justamente, una celebración de ese espíritu. Porque el sábado no cerró una institución: simplemente bajó la persiana un edificio que durante tres años se convirtió en un punto de encuentro para artistas, talleristas, músicos y vecinos. El proyecto cultural, coinciden sus impulsores, seguirá tan vivo como la comunidad que logró construir.

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