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Un título para la eternidad

Por Camilo Sarro

Estudiante Comunicación Social

 

El momento esperado hace tanto: Messi con la Copa en sus brazos.

 

Fuimos testigos de una hazaña que tomará mayor dimensión con el paso del tiempo. No fue un título más, tuvo muchísimos condimentos que agigantaron la épica y adornaron el triunfo argentino ante Brasil para conquistar la décima quinta Copa América e igualar a Uruguay como máximos ganadores de la competición continental. 

Argentina jugó una final para el recuerdo, realizó un partido perfecto y tuvo la personalidad necesaria para lograr el sueño, sacarse la mufa y regalarle a Messi lo que el fútbol le debía: un título con la Selección. Fue tan brillante el funcionamiento del equipo que no hubo márgen para algún cuestionamiento y todos juntos nos sacamos una mochila que pesaba toneladas. 

Desde la Copa América de Ecuador 1993 que el país no festejaba un campeonato de la albiceleste. Pasaron 28 años y recién este histórico 10 de julio, el grito fue de desahogo y de agradecimiento para que exploten las gargantas de 40 millones con un solo cántico: “Dale Campeón”.

Los números hablan por sí solos. Argentina debió esperar 28 años para regresar a conquistar América pero en el medio disputó 18 competiciones. 10 Copas América, 7 Mundiales y 1 Copa Confederaciones. Allí quedó en la puerta en 6 ocasiones, perdiendo 3 finales ante Brasil, 2 frente a Chile y la recordada del 2014 contra Alemania. 

Esto deja en evidencia el peso que tenía la mochila y con la que cargaba Lionel Messi y compañía. Gigantesca. Por eso el reconocimiento debe ser aún mayor. Argentina logró un título por primera vez en la vida de más de la mitad de la población. Millones, me incluyo, vimos por primera vez a la Selección lograr un título. Claro que sí, claro que vale y claro que están permitidas las lágrimas y los gritos de desahogo. Porque la espera terminó y el fútbol nos guiñó un ojo y principalmente, le dio las gracias a Messi con un certamen inolvidable. 

Reitero, no fue un título más. Fue el primero de Messi y fue el primer campeonato de Argentina sin la presencia física de Diego Maradona. Vamos, no seamos zonzos. No nos dejemos llevar con eso de que Diego no estuvo. Si seguro fue él, quien molestó a Renan Lodi para que la pelota le quede servida a Ángel Di María. Seguro fue Diego quien iluminó al Fideo y le recordó que debía definir como ante Nigeria en los Juegos Olímpicos. Seguro fue Diego quien agigantó a Dibu Martínez, pieza determinante en este título. Seguro fue Diego quien le explicó a De Paul cómo debía jugar esta final. Y seguro fue Diego quien dio la arenga para que Argentina saliera a morder a Brasil durante todo el partido.

Permítame, querido lector, asegurar que fue Diego aunque si usted quiere, desconfíe. Pero aquí no hay supuestos. En la figura de Lionel Messi sólo hay certezas. Aquí seguro que Messi es más feliz que antes de iniciar la Copa. Messi, el que defendió a capa y espada a Scaloni, el que jugó una final como humano, el que volvió a fallar, el que perdió finales, el que dejó la Selección, pero sobre todas las cosas, el mejor jugador del mundo que, tragó veneno, aceptó las injusticias porque sabía que todo se equilibra al final. El Messi del pueblo, el Messi campeón. El petiso que tuvo que realizar un tratamiento para crecer y que ahora todos temen que siga creciendo.

Argentina campeón después de 28 años con un técnico polémico. Un Scaloni sin experiencia que cometió varios errores pero que, nobleza obliga, apabulló tácticamente y psicológicamente a Brasil en una máster class de cómo jugar una final. Brillante Scaloni, merecido Scaloni, gracias y perdón Scaloni. Todo de usted la final. El equipo brilló, el entrenador pateó el tablero metiendo 5 cambios, pero acertó y también acertó en los cambios. Argentina recontra campeón, de punta a punta. Pero sobre todas las cosas, el mayor merecimiento de Scaloni fue disponer de un plantel apto para disputar una final que era la más complicada de todas. 

Un equipo que tuvo un arquero demencial, cuatro laterales a la altura de la Selección, destacándose el épico partido de Gonzalo Montiel. Un central que llegó para quedarse como lo fue Cuti Romero, otro que comenzó resistido y culminó como caudillo (Otamendi), y uno que siempre estuvo en las bravas, Pezzella. Dos números cinco que se destacaron siempre, un De Paul enorme, un Fideo que buscaba revancha y la consiguió, y tres jugadores para tenerlos mucho tiempo en el equipo: Lo Celso, Lautaro Martínez y Nicolás González. Y sí, faltaba destacar uno, el gran capitán de este equipo, el pibe que todavía no tiene club para la próxima temporada, Lionel Messi. 

Tantas veces no se pudo, tantas veces costó y tantas lágrimas pasaron en 28 años que este título es tan grande como el país. En Brasil, ante ellos, en el mítico Maracaná y con un puñado de hinchas. Así, a lo guapo. Así, a lo campeón. Dignísimo campeón la Argentina de Scaloni, Messi y compañía. Festejemos, que vale la pena vivir semejante acontecimiento. Argentina, brillante campeón. 

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