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Palabra por palabra: Norma Ponce

Es tímida y retraída. Con un ramo de flores en la mano y abrazada a una maceta con una estrella federal, no tiene forma de ocultar las lágrimas. “Soy muy llorona”. La aclaración excesiva. Y justo en este momento llega el cronista para la agradable entrevista de los viernes. “¡Ay, mirá cómo estoy!”, dice la reciente jubilada luego de recibir un atronador aplauso de directivos, personal y alumnos de la Escuela Nº 205 “Nicasio Oroño” (la Normal, para todos), en un meritorio reconocimiento por sus 30 años de labor como portera.
Como ocurre con los espectáculos taquilleros, el homenaje se repetirá en el turno tarde, aunque sospecho que las flores y la planta que le regalaron serán las mismas. El presupuesto escolar siempre es acotado, ella lo sabe muy bien.
Le pregunto cómo recuerda su llegada a la escuela y vuelve a sollozar. “Empecé con todos los miedos porque nunca había trabajado en una escuela. Me enteré por casualidad que había un concurso de ingreso y me anoté. Entré a trabajar en la escuela el día de mi cumpleaños, el 21 de abril de 1983. Fue un regalo de Dios”, comenta.
“Estoy muy agradecida a todo el personal de esta institución, que fue mi segunda familia y en los momentos malos que he tenido en la vida me han levantado y me han ayudado mucho. Los chicos también me han dado muchas alegrías”, agrega.

El legado
Llega el momento de las fotos. La primera es con la directora, Laura Varela. Y el ramo de flores. Y la estrella federal. Luego se suma el personal docente, algo que obliga al cronista/fotógrafo (el presupuesto escolar no es el único acotado) a replegarse para ajustar el encuadre. Así se logra la perspectiva necesaria para observar que, a unos metros de distancia, una joven emocionada contempla la escena, con riguroso delantal a cuadros.
Es María Cristina, la hija de Norma, quien también es portera y sigue los pasos de su antecesora, literalmente. “Estoy contenta porque está haciendo reemplazos. Le tocó a ella cuando falté y espero que quede en la institución”, cuenta Norma.

La familia grande
El término “portera” implica mucho más que abrir las puertas y regalar sonrisas a las blancas palomitas, pero resulta más apropiado que “asistente escolar” o “auxiliar”, eufemismos que no logran disimular la verdadera importancia de alguien que debe hacer mucho más que mantener limpio el edificio escolar y, a menudo, quedarse después de horario. Todos tenemos en nuestra memoria tiernos recuerdos de las porteras… y algunos retos y consejos. Marcas de la infancia que resumen el cariño incondicional que profesan en el trabajo.
“Voy a extrañar todo de la escuela, donde me han brindado mucho cariño. Es una familia grande para mí”, sintetiza Norma, con una maceta de recuerdos florecidos bajo el brazo y el turno tarde esperando sus lágrimas. “Soy muy llorona”, repetirá.

¿Cuál es su palabra favorita?
Gracias. Agradezco a Dios sobre todas las cosas.

¿Cuál es la palabra que menos le gusta?
No sé.

¿Qué es lo que más le causa placer?
La amistad y el cariño de la gente.

¿Qué es lo que más le desagrada?
Cuando te pasan cosas malas.

¿Cuál es el sonido o ruido que más placer le produce?
La música.

¿Cuál es el sonido o ruido que menos le gusta escuchar?
No me gusta ningún tipo de ruido.

¿Cuál es su grosería favorita?
Odio las malas palabras.

Aparte de su actividad, ¿qué otra profesión u oficio le hubiese gustado ejercer?
No podría elegir otra actividad. Este fue un regalo de Dios.

¿Qué oficio o profesión nunca ejercería?
Fui maestra de actividades prácticas, trabajé en Cilsa, fui costurera, bordadora y hasta hice trabajos de albañilería. No puedo decir ‘esto no lo haría’ porque cuando una se tiene que defender en la vida, todos los oficios y profesiones son válidos.

Si el Cielo existiera y se encontrara a Dios en la puerta ¿Qué le gustaría que Dios le dijera al llegar?
Me gustaría recibir un abrazo, no esperaría que me dijera nada. Yo le agradecería todo lo que me ha dado.

El cuestionario utilizado en esta sección es el mismo que James Lipton hizo famoso en su programa “Inside the Actors Studio”, pero originalmente fue utilizado por Bernard Pivot en la televisión francesa. Estas preguntas no sólo permiten saber un poco más de alguien, también ayudan a “sacar conversación” o a mostrar algo inusual en una persona que se conoce o se cree conocer.

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