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Palabra por palabra: Noemí Burgos

La profesora Noemí Elena Burgos es la coordinadora de la Red Universitaria de Educación Infantil (Reduei Argentina), un espacio que cuenta con representantes de universidades nacionales con el propósito fundacional de generar un espacio autónomo de reflexión, acción y cooperación interuniversitaria, para contribuir en materia de formación de recursos humanos, investigación y extensión e influir en las políticas educativas relacionadas con la Educación Infantil.
El grupo sostiene que “hay una representación social del niño como sujeto consumidor” que es preciso desterrar. En ese contexto, Burgos remarca que es importante sostener este tipo de espacios de intercambio y debate en torno de la educación de los más pequeños y empezar a “superar ciertas dicotomías que arrastramos históricamente entre lo asistencial y lo educativo”.
La docente participó días atrás en el Primer Simposio y Reunión Científica de la Red Universitaria de Educación Infantil, que se desarrolló en Paraná, Entre Ríos, donde la periodista Mónica Borgogno realizó una cautivante entrevista. Reproducimos algunos fragmentos del diálogo.

—¿Cómo es preciso mirar al sujeto niño hoy?
—Justamente la red pretende nuclear a todas las universidades nacionales a través de sus docentes en carreras de profesorados, licenciaturas y especializaciones en educación infantil para que definan a ese sujeto niño que hoy es interpelado masivamente por los medios de comunicación, que tienden a ubicarlo como sujeto consumidor. A nosotros nos interesa que el niño sea reconocido como sujeto de derechos y sobre todo en su derecho a aprender que tiene desde los 45 días hasta los 5 años de edad. Nos interesa ver a la educación inicial en su conjunto, para todos los niños, y no para un sector de niños un tipo de educación y para otros, otra. Pensamos en un niño ciudadano, con derecho a gozar de todos los derechos establecidos constitucional e internacionalmente. Esto es prioritario. Estas representaciones sociales que tienen que ver con el sujeto niño de la modernidad estaban ligadas a otro orden nacional que era necesario en ese contexto histórico de formación de la Nación Argentina. Fue un proyecto educativo muy eficaz pero es necesario pensar qué hicimos con los niños en esta primera etapa y superar ciertas dicotomías que arrastramos históricamente entre lo asistencial y lo educativo porque en realidad, son las dos cosas a la vez.

—¿Qué denominador común observaron en este intercambio de investigaciones?
—El interés en las tecnologías, nuevos lenguajes, derechos de la infancia, salud, educación sexual, formación docente, igualdad de acceso a la educación. Se procura generar espacios comunes de socialización del conocimiento y poder intervenir sobre los medios de comunicación y los programas que ven los niños, observar los valores que hay detrás de los dibujitos animados. Pero además se necesita una formación docente capaz de acompañar este proceso, porque los nenes saben leer las imágenes desde muy chicos, el problema es enseñarles a leerlas para que puedan pensar críticamente.

—¿Qué queda por delante en materia de formación docente?
—En este encuentro con especialistas buscamos provocar el interés de seguir avanzando en el conocimiento respecto de la infancia. Una de las cosas que nos alentó a convocar esta reunión era que tanto maestros como todos los agentes educativos en contacto con niños, empiecen a hacer registros de sus prácticas para, de este modo, producir conocimiento acerca de cómo vamos a interpelar a los niños a futuro. Sino, reproducimos la escuela de hace más de 140 años, que fue eficaz, pero que hoy necesita de la retroalimentación de sus propios agentes, volver a pensar la infancia y en esta tarea, no escindir al que piensa del que hace. Es decir, aspiramos a que los que educan cotidianamente puedan pensar sobre lo que hacen para producir un conocimiento que a su vez, permita que los niños piensen y proyecten su presente y su futuro.

—¿En esta mirada qué lugar tiene el juego?
—En algunos sectores los niños hacen uso y abuso del jugar con las tecnologías pero no todos pueden hacer ese uso y abuso. Hay que satisfacer y enriquecer la necesidad de juego de acuerdo al propio desarrollo del niño, su capacidad de imaginar, crear y adaptar el mundo. Si ritualizo al niño frente a la computadora, va a manejar muy bien la máquina pero no sé si va a pensar, por eso se necesita un docente. El problema de hoy no es almacenar conocimiento como lo era antes, sino tener un sujeto que piensa y escoja información que le sea pertinente para jugar más y mejor. Todo lo que lo aleja del juego no interviene sobre el niño sino que lo adiestra y esto fue común en muchos rituales que servían para disciplinarlo, tenerlo quieto pero no para acceder al conocimiento. El niño debe poder reírse y también resolver situaciones y esas situaciones no están todas dentro de un ordenador, sino en la vida. 

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