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Palabra por palabra: Daniel Muñoz

El psiquiatra Daniel Muñoz se desempeña desde hace cinco años como consultor asociado del Instituto Renny Yagosesky, una entidad con sede en San Isidro, provincia de Buenos Aires, que lleva el nombre del escritor y orientador de la conducta que elaboró una interesante teoría sobre el miedo escénico, uno de los padecimientos más temibles en las relaciones interpersonales.
“Es una forma de pánico asociada o precipitada por la situación de exposición a un grupo más o menos numeroso de personas”, explica Muñoz. “Esta sensación es una reacción de temor irracional, de presentación abrupta, que se asocia a síntomas emocionales o físicos”, completa.
Entre los síntomas propios del miedo escénico se destacan la opresión en el pecho, el sentimiento de miedo, la sensación de muerte inminente o de pérdida del control y de la conciencia (desmayo), también puede presentarse con temblor, sudoración, palpitaciones, empalidecimiento, mareo y náuseas.
El especialista apunta que los motivos para esta reacción exagerada y basada en situaciones irreales son difíciles de rastrear, porque, por definición, no tiene una causa inmediata. “Las causas suelen asociarse a experiencias traumáticas o conflictivas que generan una hiperreactividad”, afirma.

La angustia
Las personas que padecen el temor de hablar frente a los demás se sienten inseguras y están pendientes de la mirada crítica del otro. “Esto no ocurre sólo cuando tienen que hablar o cantar ante mucha gente, una persona que tiene que hablar con su jefe, por ejemplo, también puede sufrir la misma sensación de miedo intenso”, asegura Muñoz.
Este sentimiento tan angustiante se puede desencadenar en distintos ámbitos, desde la referencia obligada por el nombre, en el escenario, hasta presentaciones en el trabajo, conferencias o cuando alguien está frente a una figura de autoridad o de mucha importancia para el sujeto que manifiesta este problema. “El temor sobreviene cuando la persona siente que no tiene las aptitudes necesarias para desarrollar plenamente sus condiciones”, señala el psiquiatra.

Tratamiento

Una buena noticia: hay formas de controlar o disminuir el temor en estas oportunidades. Según Muñoz, la clave está en adquirir más seguridad en uno mismo. “Si los ataques de pánico se repiten con frecuencia, lo ideal es realizar un tratamiento porque, además de la angustia que generan, los síntomas emocionales pueden ocasionar problemas físicos. Un cantante que no respira bien debido a los nervios y al temor, puede dañar sus cuerdas vocales, lo mismo que un maestro o alguien que tiene que hablar ante un auditorio”, explica.
“Hay muchas técnicas pero el objetivo de todas ellas es el mismo: que la persona adquiera mayor seguridad en sí misma, que se permita explorar esas fantasías tan temidas y analizar las experiencias personales que le hayan dado origen, además de descubrir la manera de enfrentar esa situación con recursos propios o aprendiendo nuevos”, concluye.

¿Cuál es su palabra favorita?

Familia.

¿Cuál es la palabra que menos le gusta?

Odio.

¿Qué es lo que más le causa placer?

Mi trabajo, porque hago lo que me gusta y puedo ayudar a la gente.

¿Qué es lo que más le desagrada?

La intolerancia, la mentira, el odio, la injusticia.

¿Cuál es el sonido o ruido que más placer le produce?

La música.

¿Cuál es el sonido o ruido que menos le gusta escuchar?

Los gritos.

¿Cuál es su grosería favorita?

Las malas palabras, en general. Pero especialmente cuando están dirigidas a mi propia persona.

Aparte de su actividad, ¿qué otra profesión u oficio le hubiese gustado ejercer?

Docente.

¿Qué profesión nunca ejercería?

No podría trabajar en el mundo financiero, por ejemplo.

Si el Cielo existiera y se encontrara a Dios en la puerta ¿Qué le gustaría que Dios le dijera al llegar?

Vení, pasá.

El cuestionario utilizado en esta sección es el mismo que James Lipton hizo famoso en su programa “Inside the Actors Studio”, pero originalmente fue utilizado por Bernard Pivot en la televisión francesa. Estas preguntas no sólo permiten saber un poco más de alguien, también ayudan a “sacar conversación” o a mostrar algo inusual en una persona que se conoce o se cree conocer.

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