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Fuerte crecimiento de los delitos informáticos durante 2020

A PARTIR DE LA PANDEMIA LA CIBERDELINCUENCIA CRECIÓ EN FORMA DESMEDIDA. (Foto: CLAUDIA CONTERIS / FISCALES.GOB.AR).

La Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia, a cargo del fiscal Horacio Azzolin, presentó su informe de gestión 2020 donde hizo foco en el aumento en los casos asociados a la cibercriminalidad, informó el sitio Fiscales.gob.ar. Esa tendencia al alza se explicó, en gran parte, a la mayor utilización de medios electrónicos luego del dictado de diferentes medidas de aislamiento y distanciamiento preventivo con motivo de la pandemia de COVID-19. Fraudes bancarios, usurpación de la identidad y acosos fueron algunas de las modalidades delictivas que se detectaron en este período.

Dentro del trabajo se comparó la actividad que tuvo la Unidad en 2019 con lo sucedido en 2020. Así, se pudo registrar un aumento del 381% en los reportes recibidos entre ambos años: mientras que en 2019 se recibieron 2369 (lo que equivale a 6,5 reportes diarios), en 2020 se registraron 11.396, lo que llevó a un promedio de 31 reportes por día. Se explicó entonces que ese número sería directamente proporcional al volumen de maniobras ligadas a la informática que tienen lugar y afectan a la ciudadanía.

Si la comparación se hace entre un período directamente afectado por la pandemia y uno previo, se evidencia un aumento aún mayor. Entre abril de 2019 y marzo de 2020 se recibieron 2581 reportes y la Unidad inició 163 investigaciones preliminares mientras que entre abril de 2020 y marzo de 2021 se registraron unos 14.583 reportes, lo que equivale a un 465% de aumento. Además, se iniciaron unas 289 investigaciones.

 

Fraudes en compraventa

En el caso de los fraudes relacionados con las compraventas se detectaron productos o servicios que estaban directamente relacionados con la prevención del COVID-19, lo que evidencia que las maniobras fueron diseñadas en función de las particularidades del contexto.

De acuerdo al Banco Central de la República Argentina, durante 2020 se registró un 19% más de operaciones por medios electrónicos que en el 2019, mientras que las transferencias electrónicas se acrecentaron en un 90%, producto de un aumento en las operaciones por medio de homebanking (86%) y mobile banking (167%). A su vez, los pagos remotos con tarjeta de débito crecieron en un 227%.

Dentro del fraude, la UFECI identificó lo que sucede en relación a las compraventas. En este caso, se trata de maniobras fraudulentas que involucran un falso ofrecimiento de productos y servicios para la venta o que son desplegadas a los efectos de hacer incurrir en error a alguna de las partes de una operación legítima, para captar así los pagos de las víctimas. En el entorno digital, suele llevarse a cabo mediante páginas o perfiles en redes sociales en los que se ofrecen los productos y servicios, pudiendo tratarse de falsos emprendimientos o de imitaciones de páginas y perfiles de compañías existentes, desde las cuáles engañan a las víctimas y les brindan las indicaciones para formular los pagos perjudiciales.

 

Sustracción de datos

Dentro de las modalidades relevadas está el phishing: mediante técnicas de ingeniería social que involucran correos electrónicos, sitios web o perfiles en redes sociales engañosos, los autores obtienen información confidencial de terceras personas y se hacen pasar por ellas. El acceso ilegítimo a un sistema informático de acceso restringido, sin la debida autorización o excediendo la que se posee, es otra de las modalidades identificadas. Esto incluye el ingreso a cuentas ajenas de correo electrónico, de redes sociales y de cualquier otra plataforma.

Con respecto a la usurpación de identidad, dentro del informe se explicó que los autores se hacen pasar por un tercero, generalmente mediante la creación de direcciones de correo electrónico o perfiles en redes. Este tipo de maniobras pueden estar relacionadas con algún supuesto de hostigamiento o acoso digital o como medio comisivo de un fraude.

En tanto, el ransomware se lleva a cabo mediante la ejecución de un programa informático malicioso en la/s terminal/es afectada/s, el cual encripta una variedad de archivos que se supone resultan de interés para la víctima, tras lo cual se le exige a esa persona -por lo general, a través de un mensaje que se despliega en los propios dispositivos afectados- el pago de una suma de dinero, usualmente, en Bitcoin u otro criptoactivo, para recibir así la clave y las indicaciones para desencriptar los archivos.

Entre abril de 2019 y marzo de 2020 se recibieron 2581 reportes, mientras que entre abril de 2020 y marzo de 2021 se registraron unos 14.583 reportes, lo que equivale a un 465% de aumento.

El phishing también cobró cierta preponderancia: en los doce meses anteriores a la pandemia, los reportes que involucraban este tipo casos de este tipo alcanzaron un total de 244, mientras que en el periodo posterior ascendieron a 1079. En la mayor parte de los casos, el engaño se llevó adelante a través del envío de correos electrónicos suplantando la identidad de alguna entidad financiera o plataforma digital aunque también se detectaron engaños telefónicos.

 

Acosadores

Otras modalidades denunciadas fueron las maniobras de acoso, utilizadas para hostigar o provocar algún tipo de malestar en un tercero. En el entorno digital, suele llevarse a cabo a través del envío reiterado de mensajes privados o públicos, por medio de publicaciones en múltiples plataformas y redes sociales y a través de cuentas falsas. Con respecto a las difamaciones, se trata de situaciones orientadas a afectar el prestigio, la dignidad o la reputación de un tercero. En el entorno digital, suelen llevarse a cabo mediante el envío de mensajes a múltiples destinatarios o a través de publicaciones en múltiples plataformas y redes sociales, o a través de cuentas falsas en las que se hacen pasar por la víctima, y en particular, mediante el envío o la publicación de imágenes íntimas de la víctima sin su consentimiento.

Con respecto a la difusión de imágenes, la usurpación de identidad, el acoso y las difamaciones, la UFECI hizo hincapié en que presentan una particular relevancia ya que se trata de maniobras que suelen enmarcarse en situaciones de violencia de género. “Es habitual encontrarnos con casos en los que los autores se valen de este tipo de recursos para producir un menoscabo en ciertos aspectos de la vida de las mujeres y, en definitiva, en su integridad psíquica, ello como un fin en sí mismo o, en otros casos, para amedrentarlas y compelerlas a actuar o dejar de actuar de una manera determinada”, puntualizó la Unidad.

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