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El crimen de Solange: Lencina es sospechoso de otro femicidio

Fernando Lencina apareció involucrado en la muerte dudosa de Iris Gobbi, una mujer con discapacidad, de 42 años de edad, que se encontró muerta la mañana del 24 de julio de 2011 en su domicilio de Rivarola 4942, en barrio Luzuriaga. Tenía una cuchilla atravesándole el cuello y en un primer momento se caratuló la causa como suicidio. Esa hipótesis nunca cerró para los familiares que veían en Lencina a su principal sospechoso. Este vivía en el vecindario y era novio de la hija de 14 años de la víctima quien se oponía a la relación.
Avalaban la hipótesis del suicidio un supuesto estado depresivo de Gobbi, el antecedente que su madre se haya quitado la vida años antes y que, en apariencia, no había rastros de violencia en la finca. Luego la carátula de la causa cambio de suicidio a “muerte dudosa” a raíz de los resultados de la autopsia realizada en el Instituto Médico Legal de Rosario y también en algunas contradicciones que habrían aparecido en las declaraciones de personas involucradas en la investigación (ver Diario El Sur Nº 867). Una de ellas era la propia hija de la víctima quien le brindó una coartada a Lencina pero luego admitió haber realizado su declaración coaccionada por su novio.
Sobre fin del año pasado la Agrupación Unidades Especiales (AUE), retomó el caso ante la aparición de nuevas evidencias y en febrero de este año remitió un completo informe al fiscal Osvaldo Chiapello, indicando las sospechas que se trataría de un homicidio y pidiendo que se citara a Fernando Lencina para tomarle declaración por considerarlo sospechoso de estar involucrado en ese hecho.
El pedido fue en febrero y hasta la fecha el fiscal no respondió al requerimiento de los investigadores. También se le imputa a Lencina la agresión a un remisero ocurrida recientemente en barrio San Lorenzo donde le habría causado serias lesiones a la víctima al golpearla con un hierro en la cabeza.

Caso Solange
El miércoles por la tarde la Policía detuvo a Fernando Lencina, un remisero de 22 años, quien confesó ser el autor del asesinato de Solange Villalba. Los ribetes escabrosos de este crimen superan todo lo conocido hasta el momento en nuestra zona y las implicancias de la detención de este individuo pueden ir más allá del esclarecimiento de este hecho ya que podría arrojar luz sobre otra muerte violenta que aún es investigada. En ese caso se trata del presunto suicidio, luego descartado como tal, de Iris Gobbi, una mujer con discapacidad que era la madre de la novia de Lencina en aquel momento. Novia que, al igual que Solange, tenía 14 años (ver aparte).
En el caso de Solange las circunstancias que rodean su muerte a manos de Lencina brindan a este un perfil de psicópata sin remordimientos. Al parecer este mantenía una relación con la joven con la que se veía ocasionalmente desde hace varios meses, pero esta situación se habría tornado molesta para el individuo. La noche del crimen se encontraron como otras veces; luego que él la llamara, la esperó cerca de la casa en un Senda verde azulado, dominio AIG 051, que había adquirido poco antes. Fueron hasta el campo de Theobald donde apareció el cuerpo sin vida de la joven. Allí mantuvieron relaciones sexuales y luego discutieron, aparentemente porque Solange se había convertido en una carga para él.
Entonces la golpeó en la cabeza con un objeto contundente, “un palo” habría declarado, y luego, pensando que la había matado, decidió borrar las huellas de los golpes quemando el cuerpo. Tomó un bidoncito de nafta que tenía del auto anterior, que había vendido recientemente, y que utilizaba para ayudar a su encendido, colocando ese combustible en el carburador. Roció con la poca nafta que había en su interior el cuerpo de Solange, encendió un cigarrillo y lo arrojó sobre la víctima. Ésta todavía estaba viva, y con el cuerpo en llamas se incorporó y caminó unos metros antes de caer definitivamente.
 
A comer panchos
Por su parte Lencina emprendió el regreso por el camino de las 4 Esquinas, tomó por ruta 90, rumbo a Villa, pero al llegar a la altura de Circus se encontró con un grupo de jovencitas que lo detuvieron y ascendieron al remis. Parte de ese grupo descendió poco después y otras siguieron con él. En el trayecto se detuvo a retirar dinero de un cajero y en esa circunstancia una de las adolescentes tomó un celular que encontró en el auto, sin saber que estaba haciéndose del teléfono que era de Solange. Si  bien habían advertido olor a combustible en el auto y les había llamado la atención las manos sucias del remisero, en ese momento desconocían el crimen.
Antes de terminar el viaje, el remisero las invitó a comer panchos en el centro de la ciudad y así habría quedado registrado en una de las cámaras del monitoreo urbano. Horas más tarde la joven que se llevó el celular, al conocerse el asesinato de Solange, comprendió que tenía en sus manos el teléfono de la víctima pero no se atrevió a entregarlo a la Policía. De todas maneras la versión sobre dónde estaba y quién tenía el celular llegó a Diario EL SUR, estos datos fueron aportados a la Agrupación Unidades Especiales y así, luego de obtener las órdenes de allanamiento correspondientes, el mediodía del miércoles se logró el secuestro del celular y luego la declaración de la joven, una menor de 15 años de edad que brindó su testimonio en sede policial en presencia de la madre.
 
Un remisero
La joven relató cómo se hizo del celular y quien lo tenía en su poder. Esa fue la llave para resolver el caso. Posteriormente se demoró a un sospechoso, pero se trataba de otro remisero que fue liberado poco después. Finalmente se logró identificar fehacientemente al imputado del crimen y alrededor de las 19 se lo fue a buscar a su actual domicilio de Avellaneda al 1100 (antes vivía en Luzuriaga). Allí no se lo encontró pero la zona estaba saturada de personal policial y fue apresado en Dorrego y Avellaneda. No ofreció resistencia y trasladado a la sede policial confesó al poco tiempo ser el autor del femicidio. Según varias fuentes policiales el individuo no demuestra remordimiento y evidenció un marcado cinismo.
El detenido fue alojado en una celda individual pero en el Penal de la Comisaría 1ª, colmado por más de medio centenar de detenidos, se vivieron momentos de tensión ya que los presos querían hacer justicia por mano propia y pedían a gritos que se lo entregarán. Escenas similares se vivieron ayer por la mañana. Incluso la madre de Solange, Betiana Arias, logró colarse hasta “la jaula”, pequeño patio enrejado, y les pidió a viva voz que hicieran justicia por Solange. Los detenidos le respondieron levantando al unísono sus pulgares.

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