MARCELO COLOMBO Estimados vecinos de Villa Constitución: ¡GRACIAS!

MARCELO COLOMBO Estimados vecinos de Villa Constitución: ¡GRACIAS!

Tal vez algunos me conozcan, otros no. Sin embargo, han sido ustedes, alguien de sus familias o de su entorno, quienes han pagado mi sueldo durante los últimos 45 años. Por lo tanto, creo que este es un buen momento para agradecer y explicarles, brevemente, qué hice a cambio de lo que ustedes invirtieron en mí.

Ingresé a la Municipalidad el 17 de mayo de 1977, tenía 15 años. Recién empezaba 4° del secundario en el Instituto San Pablo, que se cursaba por la noche y eso nos permitía trabajar. Renuncié para jubilarme, el 31 de agosto de 2022. Es decir que pasé 45 años trabajando para nuestra Ciudad; para ustedes.

Mi tarea principal, cuando ingresé, era repartir cartas e invitaciones en mi bicicleta, destinadas a personas referentes de la ciudad. Por lo general, esto se hacía previo a las fiestas patrias o eventos especiales: directores de escuelas, gerentes de fábricas, empresarios, presidentes de instituciones, etc. Mi recorrido comenzaba en la antigua escuela de Arroyo del Medio y terminaba en la Planta impregnadora de durmientes, abarcando todo el ancho de la Ciudad. 

María Inés Solari fue mi primera jefa. Súper activa, muy prolija y responsable. Me ayudó a dar mis primeros pasos.

A partir de allí, hice de todo: operar una máquina de imprenta, pintar carteles, trabajar en el archivo general, despacho, cultura, almacenes, compras, contaduría, personal, taller mecánico, liquidación de sueldos, informática y más… Aquella pequeña piecita que ustedes ven arriba de todo en la esquina de la Municipalidad, en ese lugar que pocos conocen, también trabajé. Subía por una escalera de madera estilo gallinero, recuerdo. Eso era el archivo, que compartíamos Quique, yo y algunas palomas. 

Pasaba el tiempo y todo se iba transformando: el país, la ciudad; la sociedad en general; la villense en particular; mi vida…Pasó el Mundial ‘78, con Argentina campeón. A fines de ese mismo año el “ejercicio de oscurecimiento” ante una posible guerra con Chile por el Canal de Beagle. En el ‘82 la guerra de Malvinas, donde muchos de los chicos que fueron eran de mi clase (1961). En el ‘83 llegó “Pocho” Bastino, el primer gobierno democrático después de muchos años duros para la ciudad. Como empleado municipal, me tocó participar activamente en muchas tareas vinculadas con todos esos hechos, que fueron históricos para la ciudad y el país. Y yo ahí, en la Muni, viviéndolo todo desde adentro, siendo parte. Fue una gran experiencia, con muchísimos aprendizajes, a pesar de la corta edad.

Creo que nos debe pasar a la mayoría: cuando superé los cincuenta, comencé a mirar cada vez con más atención el camino recorrido y, en lo laboral, descubrí que lo que soy hoy como profesional, tiene que ver con dos cosas muy importantes, que trato de mostrarles siempre a los más jóvenes: el esfuerzo que hice para perfeccionarme en lo que hago; y el haber generado vínculos con mucha gente que me ayudó y me enseñó tantas cosas; personas de las que aprendí sobre respeto, perseverancia, humildad; gente que me enseñó a trabajar, pero también a conducirme en la vida. Les estaré agradecido por siempre.

En lo laboral fui muy afortunado, siempre tuve oportunidades fuera de la Municipalidad, incluso, algunas, mucho mejor remuneradas. Pero siempre elegí quedarme, porque mi sueño era transformarla en algo mejor, en lo que tiene que ser para la ciudad y merecen los vecinos. Brian Tracy, en su libro Máxima eficacia, dice que las personas deberían invertir en sí mismas, al menos, el 10% de lo que ganan, para capacitarse y crecer profesionalmente. Tomé esa idea al pie de la letra y, a decir verdad, creo que gasté mucho más del 10%. Compré y leí montañas de libros sobre gestión pública municipal; asistí a cursos sobre temas municipales en el país y en el exterior, en prestigiosas instituciones como la Universidad de Buenos Aires o el Instituto Nacional de Administración Pública de España, en Madrid; asistí a Congresos sobre administración pública en diferentes provincias de Argentina y en México, donde no solo participé como asistente sino también como disertante. Fui convocado por diferentes universidades y reconocidas instituciones, en el país y en el exterior, para presentar algunas de mis experiencias en la administración pública: Universidad Nacional de Rosario, Universidad Nacional de Córdoba, Universidad Católica Argentina (Sede Rosario), Universidad Católica Argentina (Sede Puerto Madero, Buenos Aires); Universidad del Caribe (Venezuela), Universidad Nacional de México (Sede Pachuca, México); ISEDE Escuela de Negocios (Montevideo, Uruguay), entre muchos otros. Siempre lo hice representando, con orgullo, a nuestra ciudad y creo haberlo hecho de manera correcta. 

¿Qué le voy a dejar a la Municipalidad tras mi paso? Es una preocupación que tuve durante toda mi carrera. Y hoy vienen a mi mente diferentes episodios de todos estos años, que me dan la tranquilidad de sentir que no solo aporté mi esfuerzo físico, también puse siempre mi mente y mi corazón al servicio de la Institución, intentando, en cada oportunidad, hacer y dar más que aquello que le correspondía a mi puesto; trascendiendo las obligaciones propias de mis tareas.

Debe haber sido por 1984 cuando con mi compañero de aventuras por aquellos años, ya jubilado antes que yo, Daniel Velázquez, éramos la Oficina de liquidación de sueldos. La liquidación se hacía con un servicio de computación contratado a una empresa de Rosario. Todos los meses viajábamos allá con las novedades, se cargaban, se procesaban y al día siguiente volvíamos con los recibos y los listados impresos. Las anécdotas son infinitas, pero fue en esos viajes cuando nos planteamos ¿por qué no crear un área de informática en la Municipalidad? Y lo hicimos. Elaboramos la idea, el proyecto, investigamos, conseguimos el apoyo político y económico, hicimos la licitación, diseñamos las oficinas, nos capacitamos, aprendimos, y creamos lo que hoy sigue siendo el área de sistemas. La Municipalidad fue pionera. Por esa época (1986), muy pocos municipios en el país tenían un área de informática y muchos nos tomaron como referentes. Fue una gran satisfacción y es una de las cosas que considero haber dejado a mi paso, porque ese no era mi trabajo. Eso iba mucho más allá de mis obligaciones. Y lo conseguimos. Hay muchas noticias al respecto, en los diarios de la época.

En 1993, con personas de varios sectores, elaboramos un proyecto para la incorporación de un Sistema de Información Geográfica a la administración. Significaba un avance casi sin precedentes como herramienta de gestión territorial en municipios de Argentina. Armamos el proyecto y conseguimos un importante apoyo económico de Acindar. Adquirimos el equipamiento, el software, la capacitación y los vuelos mediante los que se fotografió toda la ciudad. Trabajé en Buenos Aires, con el Instituto Geográfico Militar, para reconstruir el mapa de la ciudad a partir de las más de 2 mil fotografías aéreas. Luego aquí, en Villa, volcamos al sistema informático toda la ciudad en formato digital: manzanas, lotes, calles y edificaciones. También en esto fuimos pioneros. Esta herramienta está disponible hoy en la Municipalidad gracias al trabajo de un equipo del que formé parte.

En 2002, después de la huelga más extensa de empleados municipales que viví, se decidió formar equipos de trabajo integrados por el personal de planta, para buscar soluciones a cada una de las problemáticas del Municipio que se consideraban prioritarias en ese momento. Por ese entonces yo era Director de Informática y, el Secretario de Gobierno me propuso guiar, capacitar y coordinar la labor de estas casi 80 personas y así fue que, junto a mi compañera de trabajo, Gabriela Clivio, nos hicimos cargo del desafío. En solo cuatro meses logramos que la gestión municipal retomara su cauce y revertimos el mal clima laboral. Ese fin de año, pocos meses después de los durísimos enfrentamientos entre el Intendente y el Personal, nos reunimos todos en el salón de la Asociación Española para brindar en paz y por un futuro prometedor. Además, ese mismo año fuimos invitados a presentar nuestras experiencias de trabajo en equipo, en el Segundo Congreso Argentino de Administración Pública, que se realizó en la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba.

Esa experiencia me dejó muchos aprendizajes sobre las personas y el comportamiento humano individual y colectivo. Me di cuenta de que se podían hacer muchas cosas buenas en la Municipalidad en relación con las personas. Entonces, diseñé un proyecto para crear un área que se ocupara de la gestión humana. Tuve la ayuda y el aliento de muchas de las chicas y chicos que habían participado en la experiencia de los equipos de trabajo. Conseguí el apoyo del Secretario de Gobierno, que por entonces era Domingo Dell’Elce y, a mediados de 2003, fuimos a plantear la iniciativa al Concejo Municipal. Llevaron casi un año las negociaciones, hasta que, con el respaldo dela Gerencia de Recursos Humanos de Acindar, pudimos crear la Dirección de Recursos Humanos, que comenzó a funcionar en junio de 2004. En ese momento, pasé de ser el primer Director de Informática que tuvo la Municipalidad, a ser el primer Director de Recursos Humanos. Es un orgullo para mí haber sido el primero en ocupar ambos puestos en la historia de la Municipalidad; además, las dos áreas se crearon por iniciativas y proyectos míos. Nos convertimos entonces en la única Municipalidad de nuestra categoría en la Provincia, en contar con una Dirección de Recursos Humanos y también estuvimos entre los pocos a nivel Nacional, por lo que, otra vez, tuvimos el orgullo de que muchos nos tomaran como referentes.

Las vivencias acumuladas hasta ese momento me llevaron a escribir y publicar, en el 2005, con el apoyo de la Fundación Acindar, mi primer libro, único en su tipo: EL PESCADOR (Editorial Dunken, Buenos Aires). Una historia sobre el liderazgo en los mandos medios de las organizaciones públicas. Fue prologado por mi amigo, el Dr. Pelayo Ariel Labrada (1929-2014), un referente a nivel nacional e internacional en modernización del servicio de justicia y autor de numerosos libros. Mi libro se entregó en forma gratuita a todo el personal superior de la Municipalidad (más de 100 personas) como una herramienta de capacitación. A la vez, fue presentado en el Tercer Congreso Argentino de Administración Pública (Ciudad de Buenos Aires); en el Primer encuentro internacional de Buenas Prácticas en Gestión Municipal (Villa General Belgrano, Córdoba), donde además, junto a una colega de Holanda, tuvimos el honor de ser los únicos dos disertantes en la apertura del encuentro; en el Primer encuentro regional sobre Recursos Humanos en la Administración Pública (Río Cuarto, Córdoba); y en el marco de mi disertación “LOS CIMIENTOS INVISIBLES DE LA ORGANIZACIÓN – Una mirada sobre la gestión humana” dentro del ciclo  “Diálogos ISEDE”, organizado por ISEDE Escuela de negocios, en Montevideo, Uruguay.

Tengo una gran cantidad de ejemplos como estos, donde fui mucho más allá de mis tareas específicas, buscando aquella meta personal de tener una Municipalidad modelo, referente. Necesitaría decenas de páginas para contar 45 años de aventuras. Pero, en fin… creo haber dado todo de mí para merecer el sueldo que la ciudad me pagó durante todo este tiempo. No alcancé mi sueño de ver la Municipalidad que quisiera tener como villense. Me voy tranquilo, satisfecho con mi labor. Pero me queda el sabor amargo de no haber podido hacer mi trabajo durante estos últimos años, donde se priorizaron los intereses políticos por sobre las necesidades de la organización y de la ciudad, produciendo daños que llevará mucho tiempo y dinero reparar.

Dejo la Dirección de Recursos Humanos con un buen equipo de gente joven, extremadamente honesta, con ganas, con ideas y experiencia. Espero que ellos sigan “incomodando” a sus superiores políticos, como yo lo hice siempre, tratando de “hacer correctamente las cosas correctas”, como diría Peter Drucker. Así hemos intentado hacerlo todos estos años —aunque el costo fuera alto—, sabiendo que somos servidores públicos y que a quienes tenemos que respetar y rendirles cuentas, al final del camino, es a TODOS los ciudadanos de Villa y a nuestra conciencia.

Sé que no soy el único que siente a la Municipalidad en el corazón. Muchos de mis compañeros contemporáneos seguramente se sentirán identificados con este escrito. A ellos en particular, MUCHAS GRACIAS por todo lo compartido.

Gracias a toda mi familia, por bancarme y acompañarme; a la gente de la Ciudad, por haber pagado mi salario todos estos años para permitirme hacer el trabajo que me gusta hacer; a mis compañeros municipales y a todos los que me ayudaron a lo largo del camino (esta lista es muy larga). A Jorge Di Marco, en particular, porque muchas de las cosas que logré, dentro y fuera de la Municipalidad, no hubiera podido conseguirlas sin su ayuda y apoyo incondicionales.

A todos, espero no haberlos defraudado, ni como trabajador ni como persona.

Por MARCELO COLOMBO

Director de Recursos Humanos de la Municipalidad, recientemente jubilado. 

E-mail: marcolombo.vc@gmail.com

Redacción Diario EL SUR

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