Se va Cacho… ¿Y después?

Se va Cacho… ¿Y después?

Por Mariano Fortuna

A cuatro meses de la finalización de la administración de Horacio Vaquié vale la pena reparar sobre algunas cuestiones relacionadas con los cuatro mandatos que completará “Cacho” el próximo 10 de diciembre. Habiendo hecho alusión en columnas anteriores a algunas características salientes de un perfil político que le permitió una permanencia extendida en la cima del poder local, parece interesante llamar la atención sobre un puñado de rasgos por los que pueden rastrearse algunos denominadores comunes en los cambios de gobierno y en las secuelas de cada gestión. En este sentido,  y en lo que respecta a un marco general de la conducción política local, la evidencia de los últimos tiempos deja algunos mojones interesantes que observar.

No tan distintos

En primer lugar, se debe destacar que Villa Constitución es una ciudad proclive a la continuidad ejecutiva; una inercia que se agota con ciertos cortes temporales fuertemente marcados por la vida cíclica de la macroeconomía nacional, pero también con el surgimiento de ciertas situaciones donde la ciudadanía percibe que se necesitan gestiones que un determinado gobierno ya no puede llevar adelante.

Desde 1983 a la fecha han pasado tres intendentes, de los cuales  dos (Malugani y Vaquié) se han repartidos los últimos veintiocho años de gobierno, cuyos inicios y finales de mandato tienen matices parecidos en contextos diferentes. Obsérvese los momentos de asunción, los primeros años de gestión de cada uno y sus respectivos declives. Malugani asume en 1987, en medio de una situación compleja que se suaviza entrados los noventa y recrudece al término de la década. Termina su mandato bajo fuertes críticas de otros actores del  justicialismo y con el reproche de cierta “inmovilidad” de la ciudad y un fuerte reclamo de creación de puestos de trabajo a partir de la atracción de empresas. Por su parte, Vaquié llega al poder en los albores de una crisis que se encauza entrados los dos mil, y aunque en su final no tropieza con condicionamientos económicos, se encuentra con problemas que fueron creciendo casi solapadamente, que suponen un tratamiento integral para lo que el Municipio actual no muestra iniciativa ni el grado adecuado de maniobrabilidad presupuestaria.  Lo cual expone a Vaquié a similares críticas que las que recibía Malugani 16 años atrás. Ambos asumen en etapas críticas, las campean con un éxito que les granjea la posibilidad de aspirar a sendas reelecciones e imponerse con una fuerza que se va extinguiendo  en los finales de sus mandatos; momento en que sus estructuras se cristalizan y las demandas comienzan rebasarlos con creces.

En las postrimerías de un proceso de delegación de funciones desde el Estado nacional hacia los provinciales y locales que comenzó en la década del 90 y aun hace sentir sus efectos; agudizado por un proceso de revalorización de la escena local que trae consigo numerosas demandas; municipios como el de Villa Constitución se enfrentan a nuevos desafíos que cuestionan determinados modelos de gestión que ante la presión terminan severamente cuestionados. Por más que los oficialismos suelan beneficiarse de la estabilidad del ciclo económico, la irrupción de problemáticas complejas sobre las que ciudadanía deposita expectativas de resolución en los gobiernos locales, desemboca en un recambio dirigencial cuando se  percibe que tal como está, el Estado no puede darle respuestas. La evidencia marca que los gobiernos villenses cambian cuando se quedan “sin nafta” para dar solución a lo que demanda el contexto, y en su despedida dejan hondos interrogantes.

La puerta se cerró detrás de ti

Otro rasgo saliente de estos longevos procesos pasa por las secuelas políticas que dejan como herencia. Durante sus gobiernos, tanto Malugani como Vaquié fueron (políticamente hablando)  indiscutiblemente el centro de sus respectivos sistemas solares; y cuando se apagaron, sus satélites tardaron años en volver a encontrar un nuevo eje. Esto da cuenta de una lógica marcadamente personalista de la conducción municipal, donde los jefes políticos  tapan con su sombra o no promueven los cuadros políticos que pueden asomar. La incapacidad de las agrupaciones políticas de la ciudad para forjar dirigentes que puedan aspirar seriamente a los lugares de poder, es la muestra del desinterés de los líderes de pensar en proyectos políticos que trasciendan el protagonismo propio. Obsérvese así, las dificultades que tuvo el justicialismo para reagruparse de una forma competitiva para disputar la intendencia (dieciséis años fuera del DEM). Y la casi nula construcción de candidatos con perfiles ejecutivos para un Frente Progresista que se mantuvo cuatro mandatos en el gobierno de la ciudad. Si el rasgo central  del peronismo post Malugani fue la no aparición de otra figura convocante, habrá que ver si no sucede lo mismo una vez que Vaquié deje la conducción, puesto que si se analiza la situación en el contexto actual, y la performance de los candidatos que presentó el progresismo en la ciudad, ni siquiera la sumatoria de todos puede arañar la cantidad de votos que sacó “Cacho” en su última reelección. La salida de escena del “Polaco” dejó a muchos deshojando la Margarita, ahora se va Cacho… ¿Y después?

 

FOTO: CACHO: Horacio “Cacho” Vaquié dejará la municipalidad el 10 de diciembre y su partida abre innumerables interrogantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gaston Salinas

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