Padre Ramón Carrizo

Hace 31 años, en el año 1990, conocí a un joven sacerdote con muchos sueños para proyectar y hacer realidad, desde el primer día de trabajo en la parroquia, en que fuera por entonces designado para realizar su labor pastoral: Nuestra Señora de Fátima, en Villa Constitución. Hoy ha coronado su vida y tengo necesidad […]

Hace 31 años, en el año 1990, conocí a un joven sacerdote con muchos sueños para proyectar y hacer realidad, desde el primer día de trabajo en la parroquia, en que fuera por entonces designado para realizar su labor pastoral: Nuestra Señora de Fátima, en Villa Constitución. Hoy ha coronado su vida y tengo necesidad de recordarlo, esto es: pasarlo por mi corazón. 

El Padre Carrizo era una persona que imponía respeto y seguridad. Proclamaba en voz alta la fe que manifestaba desde su mirada hasta ese paso seguro que lo caracterizaba, y estoy convencida de que todo esto era producto de la presencia de Jesús en su interior y la contención del Espíritu Santo, que transmitía con mucho fervor. Esa confianza, esa promesa de esperanza y seguridad; fueron testimonios y ejemplos para brindárselos a los demás. Los días jueves, en especial, en los encuentros de oración, de júbilo y alegría; como también en los retiros espirituales que he compartido con él y muchas personas más. El Padre Ramón era el gran organizador y animador.

 Este acercamiento me enseño a darle sentido a cada dolor. Las lágrimas formaron parte de un futuro perdón que me iba guiando y me sigue guiando en la verdadera conversión. Reparar sentimientos que me hacen daño.

 ¡Gracias, Padre Ramón Carrizo! Siempre estará presente, no solo su imagen en mi mente y corazón, sino su voz invocando al Espíritu Santo como fuente de sabiduría, como lo hacia en esas palabras tan especiales,llenas de fe, confianza y amor para que todos escuchemos y nos contagiemos de ese fervor de fe que era propio de su interior, su corazón.

Dios lo ha llamado a su lado en la madrugada del domingo 20 de junio, día del padre, y también, coincidentemente, en el día de mi cumpleaños.

Se fue su cuerpo físico, en el momento que Jesús decidió que descansara de su profunda labor apostólica.

¡Bendito sea por siempre en el Cielo de Dios! Mucho aprendí de su mano. Un hermoso camino. Con sólo prestar atención espiritual, quienes escuchamos su mensaje de amor seguiremos escuchando la melodía de sus palabras invocando al espíritu Santo para que se derrame sobre cada uno de nosotros.

¡Gracias, Padre Ramón! ¡Descanse en paz!

Ana María Angeloni

DNI 12.048.256

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