208° Aniversario del Combate de San Lorenzo

“…De lo que mis granaderos son capaces, solo lo sé yo, quien los iguale habrá quien los exceda no…” José de San Martín.

Por Miguel Angel Brusasca (mabrusasca@hotmail.com)

Para ubicarnos en el contexto histórico y temporal del suceso que nos ocupa en esta reseña, vale destacar que a fines de 1812 el Segundo Triunvirato gobernante en la región del Plata, -surgido el mismo luego de la asonada de que tuvo lugar en Buenos Aires el 8 de octubre de dicho año-, atento a la buena noticia del triunfo de Belgrano en la Batalla de Tucumán, tomó la decisión de operar militarmente en dos frentes: por un lado, asegurar la frontera norte hasta el Río Desaguadero enviando tropas sobre Salta y Jujuy, y por otro, dar prioridad a la zona del Rio de la Plata intensificando el sitio sobre Montevideo con el objetivo de rendir dicha plaza, ya que desde ese bastión realista el gobernador Vigodet ordenaba constantes incursiones en perjuicio de los puertos y poblaciones costeras del Río Paraná.

Precisamente, ante ataques sufridos en San Nicolás y San Pedro, las autoridades de Buenos Aires toman la decisión de resguardar dicha zona. Todavía no se habían concretado del todo los aprestos y la marcha de las tropas, cuando en la segunda semana de enero de 1813 el comandante Francisco Uzal, de la guardia de San Fernando, informa al Triunvirato sobre los movimientos de naves y soldados en la isla Martín García con el objetivo aparente de una fuerte incursión en aguas del Paraná.

Tal información era certera ya que el capitán realista Juan Antonio de Zabala había recibido órdenes de iniciar la navegación aguas arriba del Rio Paraná lo más pronto posible con el objetivo de hacerse fuerte en algún puerto cercano a Santa Fe y desde allí desembarcar y desplazar tropas hacia el este para tomar entre dos fuegos a las fuerzas sitiadoras de Montevideo.

El Coronel San Martín entra en escena

La orden de neutralizar tal amenaza la recibió el Coronel San Martín, a cargo de la guardia costera desde Buenos Aires hasta Zárate, quien de manera inmediata procedió a conformar una fuerza con casi un centenar y medio de hombres que a la fecha habían cumplido una satisfactoria etapa de instrucción.

El 28 de enero partió desde Buenos Aires al frente del primer escuadrón de granaderos con la misión de vigilar la evolución de las naves realistas que ya habían iniciado su navegación remontando el Río Paraná. Sobre la medianoche de aquella primera jornada de marcha, las fuerzas patriotas arribaron a Santos Lugares donde tuvieron una demora inesperada a raíz del extravío del guía y la falta de caballos de recambio en la posta de dicho lugar, esto hizo que la flotilla española les sacara bastante ventaja.

El día 30 de enero, tales embarcaciones estaban frente a la Villa del Rosario. Allí, el comandante militar de la zona, don Celedonio Escalada, aun contando con pocos medios, junto a sus milicianos se prepararon para impedir un desembarco en aquel punto.

Sin embargo, la flota continuó su marcha, anclando el 31 de enero frente a las costas de San Lorenzo, donde algunos soldados bajaron tierra con la intención de conseguir algunos víveres en el Convento de San Carlos Borromeo ubicado en las inmediaciones. Aquella incursión se vio frustrada de manera sorpresiva ante la llegada de Escalada y sus milicianos, por lo cual debieron retornar apresuradamente a sus naves.

Mientras esto acontecía, San Martín y sus granaderos avanzaban imponiendo un ritmo de marcha de unos ochenta kilómetros diarios, una marca que nos habla de la fortaleza de los soldados y también de los nobles caballos utilizados entre posta y posta.

Mientras tal fuerza seguía su derrotero hacia al norte, las naves realistas ante la falta total de viento debieron permanecer ancladas frente a las costas de San Lorenzo. Esta demora fue utilizada por su tripulación para estudiar con detenimiento el sitio donde procederían a desembarcar para asegurar la zona a su favor.

En tanto, los granaderos poco antes de la media noche del 2 de febrero arribaron a la Posta de San Lorenzo, emplazada a una legua del convento. Poco después, la columna llegó al mismo, procediendo a desmontar en el patio con total cautela, quedando los hombres en alerta, sin hacer ruidos y con la prohibición de encender fuego.

Bautismo de fuego

Con la primeras luces del día 3, el coronel San Martín desde el techo del convento, junto a la espadaña, contempló con su anteojo como los realistas comenzaban las tareas de desembarco.

Apenas descendió de aquel puesto de observación, arengó a sus soldados y les dio las últimas instrucciones acerca de la carga a efectuar, destacando que la sorpresa era fundamental y que sólo se emplearían sables y lanzas.

Así, al llegar a las proximidades del convento los más de doscientos hombres que habían desembarcado fueron sorprendidos por la impetuosa carga de dos columnas de granaderos que les provocaron numerosas bajas.

Repuestos de la sorpresa inicial, la artillería y la fusilería respondieron causando su efecto mortífero sobre los  patriotas. En tal circunstancia, San Martín vio aprisionada una de sus piernas bajo su caballo muerto por la metralla, siendo rescatado y salvado de la muerte por los granaderos Cabral y Baigorria, pagando con su vida el primero de ellos por tal arrojo.

Cuando aún flotaban en el aire los ecos del Combate de San Lorenzo, el jefe patriota procedió a dictar el parte del combate, en el cual se destacan, entre otros,  los párrafos siguientes: “Excelentísimo Señor: Tengo el honor de decir a VE, que en el día 3 de febrero los granaderos a mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo a las armas de la patria”… “Seguramente el valor y la intrepidez de mis granaderos hubiera terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná, si la proximidad de las bajadas que ellos no desamparan, no hubiera protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor, que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos pacíficos moradores.

Dios guarde a VE. Muchos años – S. Lorenzo, febrero 3 de 1813. José de San Martín.”

Al día siguiente, luego de un responso y del entierro de los muertos, -tanto vencedores como vencidos-, el coronel San Martín accedió a suministrar víveres a los realistas para asistir a los soldados heridos. Esta actitud solidaria y de gran nobleza por parte de San Martín despertó la mayor admiración de parte del comandante Zavala, quien jamás olvidó tan loable gesto.

Una gran lección para no olvidar

Dos días después del enfrentamiento, el teniente Mariano Necochea llegaba a Buenos Aires con el parte de la victoria y ocho días más tarde San Martín llegó a la misma, procediendo a informar a las autoridades acerca de lo sucedido en San Lorenzo, ponderando a su vez la valentía de sus hombres y el aporte brindado por los franciscanos del Convento de San Carlos, sitio que desde el 03 de febrero de 1813 Pasó a ser testigo inmemorial  del único combate del cual tomarían parte los granaderos en suelo argentino y además su Bautismo de Fuego.

Hoy, al cumplirse 208 años de aquella histórica jornada, es importante recordar que la larga campaña que realizaron San Martín y sus hombres, propiciando la independencia de media América del Sur, tuvo su inicio en tierra santafecina en tiempos en los cuales empezaba a arder con fuerza la llama de los ideales por la libertad y la independencia.

También es justicia recordar que el llamado Campo de la Gloria es el suelo sagrado en el cual pasaron a la inmortalidad los granaderos: Juan B. Cabral (Corrientes), Justo German Bermúdez (Uruguay), Manuel Díaz Vélez (Buenos Aires), Januario Luna (San Luis), Basilio Bustos (San Luis), José Gregorio Franco Fredes (San Luis), Ramón Saavedra (Santiago del Estero), Julián Alzogaray (Chile), Domingo Pourtau (Francia), Juan Mateo Gelvez (Buenos Aires), Domingo Soriano Gurel (La Rioja), Feliciano Sylvas (Corrientes), Blas Bargas (La Rioja), José Márquez (Córdoba), Ramón Amador (Uruguay) y José Manuel Díaz (Córdoba).

Una entrega por la Patria, que hoy es un insoslayable ejemplo, sobre todo en estos momentos en los cuales la escala de valores que acusa la mayoría de nuestros gobernantes y funcionarios no se asemeja en nada a aquella que rigió el accionar de San Martín y sus hombres en tiempos donde la consigna era: “…Si somos libres, todo nos sobra…”  

 

*Presidente de la Filial “Provincia de Santa Fe” del Instituto Sanmartiniano del Perú y Coordinador General de Filiales del Instituto Sanmartiniano del Perú en la República Argentina.

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