Mujeres operarias por primera vez en la historia de Acindar

Sentando un precedente y haciendo historia estas tres mujeres son las primeras en trabajar en el sector de producción de la planta de Acindar como operarias. Un cambio de paradigma que rompe con patrones tradicionales del trabajo industrial. “Esto es una posibilidad de trabajo futuro para las demás mujeres”, celebró una de ellas y aseguró: “el trabajo no tiene género”.

La tradicional foto del trabajo metalúrgico ahora con mujeres como protagonistas.

“Era mi sueño poder trabajar acá y ahora se hizo realidad” expresó con gratitud Jimena, una de las tres operarias que trabajan en la planta de Acindar de Villa Constitución. Tal vez una expresión de deseo impensada hasta hace algunos años atrás, pero que hoy, además de ser deseable; es posible. Ella junto a Cecilia y Eliana son las tres primeras mujeres que trabajan como operarias en la metalúrgica local, que durante 77 años solo empleó varones en la línea de producción.

Desde octubre del año pasado estas tres mujeres, una de nuestra ciudad y las otras dos de Rosario se desempeñan como operarias en el sector de Trefilado de Acindar, la únicas entre un plantel de más de 1700 operarios agrupados en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).

Acindar, una de las principales siderúrgicas del país, fundada en 1942, hoy ArcelorMittal, incorpora a su planta las primeras tres operarias luego de 77 años. Sin dudas, estas mujeres sientan un precedente histórico y aseguran que “el  mayor desafío que tenemos las mujeres es darnos cuenta que somos iguales. El trabajo no tiene género”. 

En la planta Acindar siempre hubo mujeres trabajando en muchos sectores, como administración, limpieza, sistemas, seguridad, ingenieras; pero nunca mujeres operarias. Esta apertura y significativo cambio que implementa la empresa  además de romper un fuerte estereotipo del operador metalúrgico como varón; presenta una gran oportunidad y espacio para el desarrollo de las mujeres en un rubro que históricamente fue exclusivamente masculino.

“Me parece bueno que la empresa haya tomado mujeres en el nivel operativo. Esto es una posibilidad de trabajo futuro para las demás mujeres”, expresó Jimena Quevedo.

Por ahora son solo ellas tres las mujeres operarias en la planta local; una idea que la empresa habría tomado de sus plantas siderúrgicas en Brasil y que ahora comenzó a implementarla en el país. Tal es así que semanas atrás sumaron a dos mujeres operarias más en las plantas de Acindar en la vecina localidad de San Nicolás (Planta Fenicsa y Planta Bonelli).

“De a poquito se van abriendo las puertas para las mujeres”, celebra Jimena confirmando que este cambio de paradigma presenta una posibilidad para correr a las mujeres de los tradicionales trabajos de cuidados y en su mayoría precarios.

Son mujeres protagonistas en ArcelorMittal la mayor compañía siderúrgica mundial, con una plantilla de casi 200.000 en más de 60 países. Se postularon en la página web www.computrabajo.com.ar 

 

Eliana, Cecilia y Jimena operarias en el sector Trefilación de la planta Alambre de Acindar

 

Mujeres protagonistas

 Jimena Quevedo tiene 35 años, es oriunda de pavón pero viven en Villa Constitución desde hace ya algunos años, es técnica en Seguridad e Higiene y hace 12 años que trabaja dentro de la planta para empresas contratistas en el área de seguridad

“Me llegó el rumor que iban a tomar operarias mujeres y comencé a tocar puertas hasta que llegué acá. Acindar me dio la oportunidad de ser una de las primeras operarias, tuve la suerte que me llamaran. Tuvimos una reunión en donde nos presentaron a los gerentes y luego fuimos al sector a conocer a nuestros compañeros y creo que les gusta la idea y el cambio a que haya operarias mujeres en la parte de producción. Yo hacía seguridad y me gustó este cambio para seguir creciendo”.

Cecilia Pérez Urquiza  tiene 24 años, nació en Entre Ríos y vive en Rosario. Es técnica en Electromecánica y Refrigeración y siempre trabajó en mantenimiento eléctrico. Estudia Ingeniería Mecánica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN)

“Yo me venía postulando hace un montón para trabajar en la parte metalúrgica como operaria. Vi el aviso en computrabajo. Soy técnica electromecánica y siempre lo quise ser. Cuando me llamaron me sentí súper feliz por esta oportunidad. Cuando llegué me pareció enorme, conocimos a los gerentes y nos llevaron a recorrer el puesto donde íbamos a estar. Inmediatamente nos aceptaron, nos comenzamos a conocer, a preguntarnos de dónde veníamos, fue algo muy lindo”.

Eliana Palavecino tiene 29 años es rosarina. Apenas terminó el secundario comenzó a buscar trabajo en fábricas, ya que su anhelo era entrar en la línea de producción y manejar máquinas.

 “Siempre me gustaron las fábricas, las herramientas, lo que sea industrial me encanta. Una experiencia hermosa, un proceso de mucha ansiedad hasta que nos llamaron y me encontré con una ciudad, esto es enorme, nunca me imaginé encontrarme con algo así. Nos hicieron una presentación con nuestros compañeros de turno, me sentí muy cómoda, hay una relación muy linda de confianza y respeto, que es algo muy importante. Creo que acá se puede crecer, siempre que le metés ganas eso se puede lograr”.

 

En la línea de producción

Las tres mujeres trabajan en la planta alambre en el sector de Trefilación. Al inicio de su trabajo estuvieron en el puesto donde se ubica el robot en donde se compacta el alambre para luego trasladarlo al sector de recocido o para salir a la venta. Luego de ese trabajo pasaron a otro sector de la planta en donde, en el caso de Jimena estuvo como “yalera” para cubrir un puesto, alimentando y abasteciendo a las máquinas. Para cada paso tenían su previa capacitación.

“Ahora estoy en la máquina trefiladora. Procesamos el alambre que viene de los trenes laminadores y luego sacamos el alambre que sale para las industrias, el agro y la construcción. Yo estoy muy conforme y contenta de ser parte de la planta de Acindar y la verdad es que esto me pone muy contenta porque esto es un punto a favor para las mujeres en la igualdad de género”, contó con entusiasmo.

“Con la capacitación adecuada, con voluntad y ganas todos podemos hacer cualquier trabajo”, aseguraron.

 

Avances en la igualdad de oportunidades

Son operarias trefiladoras, tal vez un trabajo conocido y habitual para muchos varones, especialmente en una ciudad como la nuestra con un marcado perfil siderometalúrgico en donde un gran porcentaje de la masa laboral trabaja en una planta industrial de la zona. 

Pero resulta, al menos poco habitual para una conversación de mujeres, si tenemos en cuenta que en nuestro país, solo el 8% de la masa laboral femenina se ubica en el rubro de operarios. Si sumamos además que dos de cada tres mujeres realizan tareas de servicios generales, comercialización o gestión administrativa.

La desigualdad de género está presente en múltiples aspectos de la realidad social en Argentina, siendo el mercado de trabajo una de las dimensiones donde la posición desventajosa de las mujeres se manifiesta con una intensidad insoslayable.

“Creo que muchos de loa varones ya se están acostumbrando”, estimó Jimena con relación a su presencia en la planta como pares, ya que el mes próximo va a ser un año que ingresaron.

Otro dato para tener en cuenta y para romper un poco con las barreras de los prejuicios es que actualmente la plantas industriales están completamente mecanizadas y ya no se requiere de “la fuerza masculina” para realizar ese tipo de tareas.

“Con la capacitación adecuada, con voluntad y ganas todos podemos hacer un trabajo, ya sea un hombre o una mujer”, aseguró Jimena y sostuvo que “hoy si alguien hace mucha fuerza (física) en su trabajo es porque quiere, porque hay muchísimas herramientas para minimizar el riesgo de la fuerza o de sufrir alguna lesión”.

“Esta fue una planta de hombres por muchos años, por eso creo que el cambio se hará de a poco. Pienso que ahora si tienen que construir baños y vestuarios, harán uno de hombres y otro de mujeres”, estimó teniendo en cuenta que estos espacios –en el área operativa- aún son más reducidos para las mujeres debido al porcentaje mucho menor de trabajadoras en la fábrica.

En octubre va a hacer un año que las tres mujeres ingresaron a la planta de Acindar.

 

Repartir las tareas de cuidado

Las tres operarias trabajan en tres turnos: mañana, tarde y noche, y una vez más desarmando esquemas tradicionales, Jimena opinó: “como todo está cambiando, por qué no puede ser el varón que se queden en la casa a cuidar a sus hijos; es una opción y ya se está dando en tantos hogares donde el cuidado de los chicos se reparte; pero aún es raro verlo”.

Sabemos que en las últimas décadas las mujeres han avanzado rápidamente en la incorporación al mercado laboral y muchos hogares dejaron de tener un único ingreso, poniendo en jaque el modelo del “varón proveedor”. Esta revolución, sin embargo, no se replicó al interior de los hogares, donde las mujeres siguen siendo las principales responsables de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Mientras casi todas las mujeres trabajan en el hogar, solo 6 de cada 10 varones lo hacen y, en promedio, dedicando la mitad del tiempo que ellas (3 contra 6 horas).

Además, las brechas de género en el mercado de trabajo se amplifican cuando se tienen en cuenta ciertas variables: tenencia de hijos, nivel educativo y edad. Para las mujeres sin hijos, su participación se había estancado en los años noventa para aquellas con educación baja y media, y desde los años ochenta para las más educadas. Cuando hay hijos menores de 18 años en el hogar, la brecha por género en la actividad aumenta, ya que los varones con hijos incrementan su participación en mayor medida que las mujeres madres. Es decir que las mujeres se quedan en sus casas a cuidar a sus hijos y el varón con el patrón de proveedor de la familia.

 

 

Un nuevo paradigma

El empoderamiento económico de las mujeres es uno de los ejes necesario para la igualdad de género, la erradicación de la violencia contra las mujeres y eliminación de la pobreza. La posibilidad de una mujer de ingresar en la rama industrial le proporciona una gran vía de desarrollo personal y estabilidad que no la tiene que condicionar a ningún varón para obtenerla; independencia económica y –sin ahondar en los vaivenes de la económica argentina- les permite una proyección a futuro que fortalece, sin dudas, la toma de decisiones.

“Por muchos años nos acostumbramos a ver a las mujeres en sus casas, lavando la ropa, criando a los pibes y dejando lista la comida para cuando el marido llegaba de trabajar. Creo que estas cosas están cambiando. Yo trabajo desde piba y la crianza de mis hijos va a ser diferente a la que tuvo mi mamá o mi abuela; tengo otra visión”.

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