Balearon al sereno de Talleres en un presunto intento de robo

Dos delincuentes encapuchados y portando pistolas 9 mm ingresaron en la madrugada del miércoles a la secretaría del club Porvenir Talleres sin saber que en una oficina contigua se encontraba el sereno. Este trató de reducir a uno de los asaltantes el cual le disparó a los pies sin herirlo, un segundo malviviente lo sorprendió y lo hirió de un balazo en el abdomen. Huyeron sin llevarse nada.

Eduardo Muriado relató con lujo de detalles los dramáticos momentos vivió.

El sereno del Club Porvenir Talleres resultó baleado en un asalto perpetrado por dos personas encapuchadas y armadas con pistolas 9 mm que ingresaron por la fuerza a la secretaría del club en la madrugada del miércoles, aproximadamente a las 3. Al intentar impedir el presunto intento de robo, Eduardo Muriado, de 61 años de edad, recibió un disparo en la zona derecha de su abdomen, la bala pasó a milímetros por debajo del hígado sin tocar ningún órgano vital y salió por la espalda. Esa misma tarde recibió el alta médica y regresó a su casa de barrio Talleres.

El hecho resulta muy extraño dado que los delincuentes actuaron demostrando conocer las instalaciones, se mostraron muy hábiles en el manejo de las armas por lo que se supone que no son improvisados ni ladrones comunes. Lo llamativo es el día y el horario en el que protagonizaron el hecho ya que todavía no comenzó la temporada de pileta, no había recaudación de importancia y mucho menos la del clásico disputado el domingo. De todas maneras la cercanía con los violentos sucesos de esa jornada deportiva es un tema que analizan los investigadores entre las varias hipótesis que manejan.

Ayer Diario EL SUR dialogó en su casa con Muriado quien recordó que esa madrugada dejó la portería unos 20 a 25 minutos para tomar un té y comer un alfajor en la Presidencia del club. “No sé si estaban viendo ese movimiento porque yo siempre me manejo a oscuras. Me sorprendieron unos minutos después de haber tomado un té, cuando ya estaba a punto de salir de nuevo para la portería. Entonces siento la explosión de la puerta de ingreso a Secretaría y ahí pasó todo lo que pasó”, recordó. Para el sereno los malvivientes no sabían que se encontraba allí y estimó que pensaron que se encontraba recorriendo los fondos de la institución.

 

Pistola en mano

Cabe destacar que la Presidencia, donde se encontraba Muriado, y la Secretaria están unidas por puertas internas. Son tres salas, la central que tiene a su lado izquierda la Presidencia y a la derecha otra oficina. Los delincuentes ingresaron violentando la puerta “con un patadón tremendo, fue una explosión, en el silencio de la madrugada retumbó mucho más. Me di cuenta que estaban entrando, pero no sabía la cantidad”, señaló el sereno. Aparentemente los delincuentes accedieron al club saltando por algunas de las paredes perimetrales o la reja del frente.

“Reacciono y salgo al encuentro de lo que viniera, ahí me encuentro con uno, que estaba en la puerta de ingreso (de la Secretaria), con la pistola en la mano, encapuchado, todo de negro”, explicó Muriado. Según su descripción este individuo era alto, de aproximadamente 1,80 metros y corpulento. “Por arriba del mostrado me le abalancé porque vi que el movimiento de él era como para apuntarme y le pego en la mano con la que sostenía el arma. Y cuando la baja intento rodear el mostrador para intentar dominarlo y efectúa el primer disparo hacia el piso, como tirándome a los pies”, detalló.

 

En el ingreso a la secretaría del club se puede ver la marca de uno de los disparos.

Herido de bala

Tras efectuar ese disparo el asaltante dio media vuelta y huyó por el interior del club hacia la zona del quincho. “Quedo dando la espalda al interior de la oficina y ahí sale el otro que yo no sabía que había ingresado. Fue todo muy rápido. Estaba vestido igual que el otro pero era un poco más bajo. Siento ruidos y pasos detrás de mí, giro y me lo encuentro a menos de medio metro apuntándome a la cabeza con una pistola. Y automáticamente, sin hablar porque no hubo cruces de palabra, baja la pistola y gatilla. Y ahí recibí el impacto al costado derecho del abdomen”, reseñó Muriado. Este segundo individuo también huyó pero en sentido contrario, saltando la reja hacia calle 25 de Mayo.

El sereno tiene el convencimiento que los delincuentes son personas conocidas y que no quisieron matarlo. “Los dos tuvieron la oportunidad de ejecutarme si querían, si hubiesen querido hacerlo, lo hacían”, afirmó.  En el lugar se encontraron cuatro casquillos y tres plomos además de impactos en el piso, en el marco de una puerta y en la pared, por lo que se estima que fueron cuatro los disparos efectuados por los malvivientes. Para Muriado los delincuentes se movieron con conocimiento de las instalaciones y agregó: “Yo creo que deben ser conocidos míos, quizá por eso no me quisieron ejecutar”.

 

Con las manos vacías

Los delincuentes huyeron sin llevarse nada “porque yo les salí al cruce enseguida”, aseveró Muriado. “No sé qué intención tenían, si de hacer daño nada más, romper todo o robar algo. No sé, porque en segundos me paré y les salí al cruce. El primero se sorprendió. Yo sorprendí al primero y el segundo me sorprendió a mí porque no sabía que estaba adentro. Supongo que no sabían que yo estaba”.

Otro dato que destacó Muriado es que la vestimenta de los dos “era muy similar, iban todo de negro, como si hubiesen estado, no quiero inducir a nada con esto, como si hubieran ido uniformados, los dos de la misma forma”. Una vez que los asaltantes huyeron logró comunicarse con el 911, con el presidente del club, Alejandro Marcatilli, y también con su esposa. Luego fue trasladado en ambulancia al Centro Médico Rivadavia donde permaneció internado hasta las 14 y fue dado de alta ya que la herida no era de gravedad.

 

Persecución

En tanto ocurría el incidente dentro del club, según informaron fuentes policiales, el personal de un móvil que patrullaba la zona escuchó los disparos y llegó al lugar en el momento que uno de los delincuentes se descolgaba por la reja y huía por 25 de Mayo hacia Bolívar y de allí seguía a la carrera con dirección a la Estación del Ferrocarril. El patrullero lo persiguió hasta las vías y allí se detuvo, los efectivos descendieron y observaron a un segundo sospechoso por calle Independencia, el cual al notar la presencia policial emprendió la carrera por esa arteria. Uno de los policías lo persiguió a pie hasta Independencia y Libertad donde el sujeto abordó un automóvil que inició una veloz fuga hacia el oeste hasta perderse de vista.

 

 

 

 

 

 

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