Atroz caso de trata de persona vinculado a nuestra ciudad

Una joven que llegó de Santa Fe para vivir con su madre en el asentamiento Las Chapitas fue enviada por un vecino a Comodoro Rivadavia con la promesa de un trabajo. Allí fue retenida por la fuerza y explotada sexualmente mientras amenazaban con matar a sus hijas que quedaron en Villa Constitución.  

La joven que logró escapar vivió un tiempo en la vivienda de su madre en Las Chapitas.

El asentamiento Las Chapitas y la madre de varios de los integrantes de la banda conocida como “los santafesinos” aparecen mencionados reiteradamente en una causa judicial por trata de personas que se ventiló en un juicio que acaba de finalizar en el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia. La investigación, que culminó el viernes pasado con tres personas condenadas a prisión, se inició con la denuncia de una mujer que desde Villa Constitución viajo al sur con una promesa de trabajo y terminó retenida por la fuerza y obligada a ejercer la prostitución en un cabaret.

Para comprender esta historia hay que recordar que en 2014 se afincó en el asentamiento Las Chapitas, Danisa Farías y 11 de sus 12 hijos, provenían de la ciudad de Santa Fe y antes tuvieron un breve paso por la localidad de Álvarez. En poco tiempo algunos de los jóvenes comenzaron a ser conocidos en el ambiente policial por diversos delitos contra la propiedad. Ahora se sabe que una de sus hijas, distanciada de ella por diversos motivos, permaneció en la capital santafesina pero en 2015, tras separarse de su esposo, también recaló en nuestra ciudad, en la vivienda de su madre en Las Chapitas.

Identificada como M.G.CH. para preservar su identidad, esta joven de 31 años, madre de tres pequeñas, es la protagonista de esta historia. Los restantes son los condenados por la Justicia Federal, Héctor Amílcar Rivarola, de 35 años y domiciliado en Las Chapitas; Segundo Eulogio Ferreira, alias “Cacho”, de 73 años y Miriam Noemí Aranda. Los dos primeros a seis años de prisión efectiva como autores responsable del delito de Trata de Persona con fines de explotación sexual. Por su parte, el tribunal también sentenció a tres años de prisión a Aranda como partícipe secundaria.

 

Desesperada denuncia

La investigación comenzó con la denuncia de M.G.CH. efectuada en la madrugada del  22 de abril de 2015 en la Comisaría de la Mujer de la Policía de la Provincia del Chubut en la que refirió que con la ayuda de otra mujer logró escapar de un lugar “en el cuál se encontraba privada de su libertad y del que salía únicamente cuando la llevaban a trabajar a un local nocturno céntrico donde realizaba servicios de ‘copas’ y ‘pases’”, es decir donde era obligada a prostituirse.

M.G.CH. expresó que arribó a Comodoro Rivadavia “a trabajar bajo amenazas que le realizó una persona de nombre Héctor Amílcar Rivarola” quien tenía a sus tres hijas “bajo su custodia en Villa Constitución (Santa Fe) y que las amenazas consistían en que si no trabajaba en esta ciudad mataría a sus hijas”.

En aquel momento relató que hacía unos 5 meses se había separado de su pareja, con la que vivía en la ciudad de Santa Fe “y se fue a vivir a Villa Constitución con su madre, allí se reencontró con un conocido de la familia que es Rivarola quien residía al lado de la casa de su mamá”, se destaca en la causa judicial.

El juicio se desarrolló en el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia.

Engañada

En un allanamiento que realizó posteriormente la Policía Federal, en noviembre de 2015, se constató que a comienzos de ese año Rivarola se domiciliaba en Las Chapitas, a unos 20 metros de la casa de Danisa Farías y que al igual que ella era de Santa Fe. Rivarola “aprovechando su mala situación económica le dijo que se viniera al sur con su mujer Brenda Contreras que trabajando acá en Comodoro iba a poder levantar su casa en tres meses, pero nunca le dijo que vendría a ejercer la prostitución. Que ella aceptó viajar, le pagaron los pasajes por la empresa Tramat desde Villa Constitución hacia Comodoro”, se refiere en el causa judicial.

M.G.CH. fue recibida por Contreras y otra mujer que la llevaron al cabaret “Bagatelle”, propiedad de Ferreira y administrado por Aranda. “Esa misma noche la llevaron a trabajar a un local nocturno ubicado en el centro donde tenía que hacer ‘pases’ en el lugar, copas o salidas con algunos clientes del lugar. Que ella primeramente se negó, se fueron del local siendo las 06:00 horas, y cuando llegaron a la vivienda del pasaje recibió un llamado telefónico de parte de Rivarola en la cual le manifestó que él se encontraba cerca de su familia, que no se hiciera la viva que si no quería trabajar, lo haga igual porque él tenía a sus hijas y las iba a matar y luego la mataría a ella”, se señala en el escrito.

 

Hijas amenazadas

Rivarola “le enviaba fotos a teléfonos de otras chicas que estaban en la casa del pasaje Falucho (donde tenía retenida a M.G.CH y otras 9 mujeres), fotografías en las que se podía ver a sus hijas más grandes apuntadas con armas de fuego y en otras con cuchillos en su cuello”. La joven explicó a los investigadores que “cuando ella salió de Santa Fe, Rivarola le dio un celular  y la llamaba diariamente a las seis de la mañana y a las 18:00 horas siempre para pedirle que le envíe dinero o para saber cuánto había recaudado”.

A raíz de la denuncia de la joven se realizaron varios allanamientos en Comodoro Rivadavia y en Las Chapitas, pero Rivarola, quien además tiene una causa por comercialización de estupefacientes vendió su precaria vivienda a una joven pareja y no fue hallado en nuestra ciudad, aunque posteriormente fue apresado y alojado en la Unidad Nº 6 del Servicio Penitenciario Federal donde se encuentra detenido.

 

De parte de Rivarola

En la causa que se llevó a juicio también se detalla que una vez a salvo M.G.CH. desde Comodoro Rivadavia “pudo comunicarse con su madre a quien le había recriminado que ella tenía conocimiento y avalaba que ella hubiera sido explotada. Que su madre le respondió ‘mientras vos perdías tiempo en la comisaria y fueron a allanar el boliche yo a Héctor lo tenía guardado en mi casa’”.

Agregó que la angustiaba especialmente que su madre le había dicho “vos tenés que pensar en lo que haces y en tus hijas, y la más grande ya está en edad de que le den el bolso”. Frase más que elocuente sobre que la niña “podía ser enviada igual que ella a un prostíbulo para ser explotada sexualmente. Refirió que temía por la integridad física de sus tres hijas, especialmente la mayor, dados los dichos de su madre y el hecho de que ésta continuaba vinculada con Rivarola”.

 

Una historia dolorosa

Cabe destacar que M.G.CH. contó que fue criada por su abuela materna y que cuando tenía catorce años había vuelto a vivir con su madre (Danisa Farías), que la pareja de ésta había intentado abusar sexualmente de ella y que su madre no le había creído ni había actuado en consecuencia. Que su madre había tenido siempre vínculo con Héctor Rivarola, quien vivía a veinte metros de la casa de su madre en Las Chapitas.

Relató que cuando ella tenía 17 años su madre de acuerdo con Rivarola la había enviado a “trabajar” a un “boliche” de la localidad de Chajarí, Entre Ríos. Expresó que al llegar por la mañana, comprendió que se trataba de un prostíbulo y que por ello escapó, junto con otras jóvenes que se encontraban en el lugar y con ayuda de “un camionero”. Que luego de ello no volvió a ver a su madre hasta un mes antes de viajar a Comodoro Rivadavia, es decir, que interrumpió el vínculo con ella durante aproximadamente 10 años.

 

EL DATO

Según confirmaron distintas fuentes, la joven había trabajado un tiempo en el CIC de San Cayetano sirviendo la copa de leche.

 

LA CLAVE

La investigación comenzó con la denuncia de M.G.CH. efectuada en la madrugada del  22 de abril de 2015 en la Comisaría de la Mujer de la Policía de la Provincia del Chubut en la que refirió que con la ayuda de otra mujer logró escapar.

 

AMENAZAS

M.G.CH. expresó que arribó a Comodoro Rivadavia “a trabajar bajo amenazas que le realizó una persona de nombre Héctor Amílcar Rivarola” quien tenía a sus tres hijas “bajo su custodia en Villa Constitución (Santa Fe) y que las amenazas consistían en que si no trabajaba en esta ciudad mataría a sus hijas”.

 

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