El Amor que elimina el peligro de la ballena azul

Por Leide Lessa Recuerdo que cuando era niña había una película sobre un tiburón muy grande, pero nunca quise ver ninguna de esa serie de películas de terror. El terror nunca me llamó la atención. Cuando crecí y empecé a conocer más el reino animal, me encantó la belleza de todo tipo de animales acuáticos, […]

Por Leide Lessa

Recuerdo que cuando era niña había una película sobre un tiburón muy grande, pero nunca quise ver ninguna de esa serie de películas de terror. El terror nunca me llamó la atención.

Cuando crecí y empecé a conocer más el reino animal, me encantó la belleza de todo tipo de animales acuáticos, incluso las ballenas que expresan tanta fuerza y gracia.

Por eso me cuesta entender cómo pueden haberle dado el nombre de “ballena azul” a un “juego” que tiene una iniciativa tan fea y destructiva.

Esto no es una “película de terror”, es todavía peor, porque adolescentes y jóvenes están viviendo en medio del terror y aceptándolo como algo normal. Ese “juego” peligroso empezó en Rusia hace ya un tiempo, y este año se desarrolló en Latinoamérica, y ya ha dejado víctimas en varios países, dado que de los 50 retos, el último es prácticamente el suicidio. Y todo es registrado en las redes sociales.

Pero hay una buena noticia: Para evitar contenido violento e inapropiado en Facebook, su fundador, Mark Zuckerberg, anunció el 3 de mayo, que va a contratar 3000 personas. También piensa en desarrollar una tecnología que pueda automáticamente detectar tales contenidos, bajarlos, o incluso que los suban. Espero que otras redes sociales sigan este buen y necesario ejemplo.

Los adolescentes y jóvenes necesitan de buenos ejemplos y de mucho amor, principalmente en su casa. En mi experiencia profesional con adolescentes, jóvenes y adultos que practicaban algún de tipo de autoflagelación, contemplaban ideas suicidas o intentaban suicidarse, descubrí que ellos padecían de baja autoestima, tenían la impresión de que nadie los quería, o sufrían de alguna perturbación mental. Por eso los adultos que disfrutamos de buena salud mental, tenemos el deber moral de estar atentos a esas cuestiones y expresar el más puro amor y compasión hacia los que están a nuestro alrededor, pues, esa es la solución.

Pero quizás te estés preguntando: “¿Cómo puedo expresar amor a los que no conozco? ¿Cómo mi amor puede hacer alguna diferencia en aquellos que están sufriendo tanto?”

Bueno, hay una manera de hacerlo: ¡la oración!

Al orar podemos abrazar a todos los que están angustiados, los que no reconocen su valor, los que creen que sufrir o quitarse la vida les va a traer alguna solución.

La oración a que me refiero reconoce que hay un poder supremo que puede salvar, proteger y guiar a todos. Ese poder es el propio Amor divino, el único Creador, la fuente de todo el bien y de la salud.

Saber que todos podemos sentir la presencia del Amor divino sanador, porque es algo natural, ya es una oración. Todos somos la expresión del Amor y podemos sentirlo y expresarlo en todas nuestras actividades y oraciones.

Hace un tiempo sentí la necesidad de orar por los jóvenes en general y saber que todos, independientemente de su situación, pueden sentir la presencia del Amor y sentirse amados. Justo en esa época, recibí una llamada por la noche, de una joven desesperada. Ella pensó que estaba llamando a su novio y que yo estaba con él. Le costó un poco creer que se había equivocado de número. Pero mientras hablábamos, sentí mucho amor por ella. Se tranquilizó y empezó a escucharme. Le hablé sobre la importancia de amarse y valorarse, de saber que ella no dependía de nadie para sentirse feliz, y que su novio y otros solo podrían valorarla si ella misma se valoraba. Ella podía valorarse y sentirse amada simplemente porque el Amor Creador la amaba y le había dado la capacidad de amar y de amarse. Hablamos por un buen rato.

Al día siguiente, ella me dejó un lindo mensaje de gratitud, diciendo que había estado planeando en suicidarse, cuando decidió hacer una última llamada… y ¡yo contesté! Después de nuestra charla, ella cambió de idea. Ahora iba a tratar de amarse, de buscar nuevas y buenas amistades.

Cuando uno ora con el corazón lleno de Amor y reconociendo que esa oración llega a otro corazón receptivo, muchos son beneficiados, incluso aquellos que no conocemos.

Todos podemos dedicar unos minutos a diario para orar por los jóvenes que necesitan amor, y esperar que dicha oración les toque el corazón para que se sientan amados y así cambien de perspectiva, y busquen lo que les hace bien.

 

 

Leide Lessa es maestra y conferenciante de la Ciencia Cristiana. Email: lessal@csps.com Twitter @LeideLessa

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