El miedo a los niños

Por Ariel Fernández   “La mejor forma de hacer buenos a los niños es hacerlos felices”.                                                                                Oscar Wilde. Hay palabras que se dicen porque son mimos dulces a oídos castigados, que tienen fines ajenos a las necesidades sociales. Palabras tan vacías como la espontaneidad preparada por meses o las necesidades montadas en autos 0 Km. […]

Por Ariel Fernández  

“La mejor forma de hacer buenos a los niños es hacerlos felices”.

                                                                               Oscar Wilde.

Hay palabras que se dicen porque son mimos dulces a oídos castigados, que tienen fines ajenos a las necesidades sociales. Palabras tan vacías como la espontaneidad preparada por meses o las necesidades montadas en autos 0 Km. Palabras que tienen el prestigio que le atribuía Borges a cada etimología buscada a regañadientes.

Los pibes pasan y a nadie le importa, porque ellos marchan en silencio, en oscuridades que no penetran en las personas de “bien”.

Los pibes marchan con el dolor inmutable, con los deseos devastados.

A muchos, la muerte se los lleva demasiado pronto. Sin dejarles saborear de la vida los manjares más bellos. Jugar a la pelota. Saltar la soga. Treparse a un árbol. Desgajar una naranja y reírse a carcajadas hasta que la panza duela. Comer un chocolate o correr bajo la lluvia hasta desfallecer de pura felicidad. La muerte se los lleva con sus mochilas cargadas de tristezas.

Desde las altas cumbres que se erigen en el dinero, son quienes ocupan los tronos principales los que definen a esos pibes y pibas, los que determinan cómo son y cuáles son sus derechos.

Muchos nuños y niñas, no sabrán lo que es tener un hijo, ni sabrán de utopías y de caricias.

Así, en este contexto, la justicia actúa con toda la responsabilidad y confianza que la sociedad deposita en ella. Por eso es que con el poder que se le ha conferido piensa seriamente bajar la edad  de imputabilidad a 14 años.

Estos peligrosos hombres de ¡14 años! Van a ser enviados a la cárcel, ese lugar agradable en el cual cada persona que ingresa sale “corregido” y completamente apto para vivir en sociedad. Entiéndase El sarcasmo. Una sociedad que en su  gran mayoría (lamentablemente) apoya esta drástica decisión. Una sociedad que prefiere no mirarse, que fomenta la eliminación  de indefensos niños los cuales no tienen escapatoria y los cuales no son más que un producto neto de la misma sociedad que los condena. La sociedad se esconde, mira sólo lo que le permite ser ajena a lo peor de las miserias humanas. Se despacha contra quien se viste mal, duerme en la calle y roba posiblemente para poder comer. Fomenta la idealización del empresario exitoso encerrado en un mundo artificial abalado sólo por el rédito económico. Y lo peor de todo, es que a esta sociedad  ya no la conmueve ni siquiera el sufrimiento de un niño.

Para los mercados, los jóvenes son consumidores. Y por lo tanto deben ser seducidos y bombardeados igual que los adultos. El bombardeo mediático sobre los jóvenes es permanente, demoledor, y no tiene la mínima consideración del joven como persona. Les crea necesidades y urgencias sin importar su capacidad económica o nivel cultural. Trata de convencerlos de que no existen, de que no son nada, si no tienen tal o cual zapatilla o lentes de sol, gorras o remeras. El poder de convencimiento de ese machacamiento es casi invencible. El neoliberalismo se rige por los mercados que consideran a los jóvenes aptos para consumir.

Es como es, son como son y se los trata como se los trata. Hay un joven que es estudiante, otro que es desocupado, un joven delincuente, el violento, el trabajador, el gay o el heterosexual. Son identidades que fragmentan al joven como identidad. Que fragmentan y al mismo tiempo generalizan, como que el ser joven está a un paso de la droga, la delincuencia, la estupidez o la violencia. Cada una de esas identidades se convierte en todos los jóvenes según el momento. Como por motivos políticos el tema de la inseguridad ha sido tomado por los grandes medios como uno de los más enfatizados, se repite hasta el infinito la imagen del joven-delincuente. En ese proceso de edición-enfatización, los jóvenes pobres pasan a convertirse en equivalentes a delincuentes, drogones y violentos.

A veces el disparador es la inseguridad, a veces la educación. Hay un debate que empieza a despuntar. Hay un replanteo de la vieja mirada frente al joven. Hay un debate sobre el rol de la comunidad en relación con el joven. Hay un debate sobre la responsabilidad del Estado en ese tema desde una mirada global y no parcializada por cada circunstancia y menos por la agenda interesada de los grandes medios. No se trata del joven como problema, sino como persona, una identidad que la sociedad todavía no le ha confirmado.

Son los excluidos de los excluidos. Las últimas piezas de un sistema que se van derrumbando en un proceso de enorme violencia.

Estamos en peligro como sociedad, no hay dudas de eso, especialmente porque las respuestas a lo que nos pasa están tan cerca de nosotros mismos que se nos hace imposible verlas.

El neoliberalismo con sus espejitos de colores legitimaron y democratizaron en vastos sectores infinitas indignidades; imponiendo un estado social en el que con extrema perversidad se asoció el círculo represivo y el disciplinamiento cruel, denostando a la categoría de vagos a un sin número de familias desclasadas, estigmatizando a aquellos que nada tienen.

Entonces, para la gente de “bien”, la ecuación termina siendo perfecta: encerrarlos o matarlos… con la bala o con la droga.

 

 

EL AUTOR

Prolífico escritor

Ariel Fernández nació en Villa Constitución, en 1983. Es psicólogo y analista Institucional. Entre sus publicaciones se encuentran artículos de opinión, poesía y cuentos. Publicó en varias antologías: “Voces Transitorias”, editorial Reloj de Arena y “Escritos al margen”, editorial UNR. Su primer libro “Antes de caer”, fue editado por Llanto de mudo en el 2012. Colabora asiduamente con diversas publicaciones: revista “El pica perro”; “Galápagos”; “Pelota de Trapo”; Diarios EL SUR (Villa Constitución) y Diario “La Mañana” (Neuquén). Participó, además, de varias antologías nacionales e internacionales. Sus escritos pueden leerse en su blog: elinfiernotemido.blogspot.com.

 

 

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